Publicado: 23 septiembre 2026 a las 6:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Victoria Moret Uribe
El informe Deloitte 2025 Gen Z and Millennial Survey, elaborado a partir de casi 23.500 respuestas en 44 países, dibuja el retrato de una generación que busca equilibrio en su vida, antes que un despacho en la última planta.

Genz informe Deloitte
Durante años dimos por hecho que triunfar en el trabajo significaba una cosa: subir puestos, sumar títulos y ver crecer la nómina cada año. Pero ese guión se está rompiendo. La 14ª edición del Gen Z and Millennial Survey de Deloitte Global, que ha preguntado a 14.751 jóvenes de la Generación Z (nacidos entre 1995 y 2006) y 8.731 millennials (nacidos entre 1983 y 1994), lo deja bastante claro: estas dos generaciones, que en 2030 supondrán el 74% de la fuerza laboral del planeta, ya no se conforman con la carrera tradicional. Quieren algo distinto, donde el sueldo importe, sí, pero no más que sentir que su trabajo tiene sentido o que pueden llevar una vida equilibrada fuera de la oficina.
El dato más llamativo del informe es también el más simbólico: apenas un 6% de los jóvenes de la Generación Z señala que su principal objetivo profesional es alcanzar un puesto de liderazgo. Esto no significa, sin embargo, que les falte ambición. El propio estudio matiza que el 70% de los Gen Z dedica tiempo cada semana a desarrollar habilidades para avanzar en su carrera, frente al 59% de los millennials que dice lo mismo.
El informe identifica tres ejes que condicionan las decisiones profesionales de estas generaciones: dinero, sentido (o propósito) y bienestar. Los autores del estudio hablan de una “trifecta”, la combinación de seguridad financiera, trabajo significativo y equilibrio vital, que resulta difícil de conseguir en su totalidad, pero que determina el nivel de felicidad de estos trabajadores.

La seguridad financiera aparece como la base sobre la que se sostiene todo lo demás. El 60% de los Gen Z que se sienten económicamente seguros dice haberse sentido feliz durante el último año, frente al 28% de quienes se sienten inseguros. Entre los millennials, la diferencia es similar: 68% frente a 31%. Y es que la inquietud económica ha crecido de forma notable en el último año: casi la mitad de los Gen Z afirma no sentirse financieramente seguro y más de la mitad de ambas generaciones, el 52%, reconoce vivir de nómina en nómina.
El propósito es el segundo pilar. El 89% de los Gen Z y el 92% de los millennials consideran que tener un sentido de propósito es importante para su satisfacción laboral y su bienestar. Cuando falta ese propósito, las consecuencias son tangibles, más de la mitad de ambos afirma haber dejado un trabajo por sentir que carecía de sentido, y en torno al 40% de los dos grupos ha rechazado un proyecto, una tarea o incluso una oferta de empleo por motivos éticos o de valores personales.
El tercer eje, el bienestar, está muy condicionado por el estrés laboral. Solo el 52% de los Gen Z y el 58% de los millennials califican su salud mental como buena o muy buena, y un 40% de los primeros y un 34% de los segundos dicen sentirse estresados o ansiosos la mayor parte del tiempo. Las jornadas largas y la falta de reconocimiento son, según el informe, los principales factores que alimentan ese malestar en el entorno de trabajo.
Si algo queda claro en el estudio es que la ambición de los jóvenes no ha desaparecido, simplemente ha cambiado de forma. La razón más citada para elegir un empleador, después del equilibrio entre vida personal y laboral y las oportunidades de progresión, es precisamente el aprendizaje y desarrollo profesional. Sin embargo, existe una brecha notable entre lo que estos trabajadores esperan de sus responsables directos y lo que realmente reciben.
Tanto la Generación Z cómo los millennials creen que el papel principal de un buen mánager debería ser ofrecer orientación y apoyo, motivar al equipo, ejercer de mentor y ayudar a establecer límites saludables entre el trabajo y la vida personal. En la práctica, sin embargo, perciben que sus superiores dedican la mayor parte de su tiempo a supervisar tareas del día a día, la diferencia entre lo que se espera de ellos y lo que realmente ofrecen llega a los 26 puntos porcentuales entre los Gen Z. Esta desconexión coincide con datos internos de Deloitte que muestran que los mandos intermedios dedican cerca del 40% de su tiempo a resolver problemas inmediatos y tareas administrativas, frente a sólo un 13% dedicado a desarrollar a las personas de su equipo.
El estudio también muestra un cambio en la forma en que estos jóvenes quieren aprender. Nada de cursos teóricos como primera opción: lo que de verdad valoran es aprender haciendo, en el día a día del propio trabajo (así lo dice el 89% en ambas generaciones), y tener cerca a alguien con más experiencia que les eche una mano y les enseñe con la práctica, algo que valoran el 86% de la Generación Z y el 84% de los millennials. Y cuando piden algo a sus empresas, piden cosas concretas: programas de formación interna con tiempo de verdad reservado para hacerlos (no formación que se hace “si sobra tiempo”), ayuda económica para formarse fuera, y acceso a plataformas donde poder seguir aprendiendo por su cuenta.
El conjunto de hallazgos de Deloitte apunta a una transformación que va más allá del mundo laboral y que interpela directamente al sistema educativo. Si los criterios que guían las decisiones de los jóvenes ya no giran únicamente en torno al prestigio de un título o la progresión jerárquica, sino en torno al aprendizaje continuo, el propósito y el bienestar, los centros educativos tienen ante sí la tarea de acompañar itinerarios más diversos que los de generaciones anteriores.
Preparar a los jóvenes para un mercado laboral marcado por la IA, exige una colaboración más estrecha entre empresas, universidades y centros de formación profesional, capaz de ofrecer experiencia práctica real y de legitimar trayectorias que ya no pasan necesariamente por la universidad tradicional.
También se recoge un cambio de actitud hacia la formación superior que interesa especialmente a los centros educativos. Casi un tercio de los encuestados afirma haber decidido no cursar estudios universitarios, y el coste de la matrícula es la razón más citada. Pero detrás de esa cifra hay algo más que un problema económico: muchos dudan de que la universidad ofrezca suficiente experiencia práctica para el mercado laboral, y una parte importante cuestiona directamente si lo que se enseña en las aulas sigue siendo relevante para el tipo de trabajo que existe hoy. Quienes optaron por la formación vocacional o técnica, además, muestran resultados más divididos que quienes sí fueron a la universidad: son menos los que dicen que repetirían la misma decisión sin dudarlo. Aun así, el propio informe matiza que la satisfacción laboral apenas cambia en función del nivel educativo alcanzado; lo que sí varía, y de forma notable, es la sensación de seguridad financiera, que resulta mayor entre quienes cuentan con un título. universitario.
Fuente: https://exitoeducativo.net/actualidad-directiva/la-generacion-z-ya-no-quiere-ser-jefa-asi-ha-cambiado-la-idea-de-triunfar-profesionalmente
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