Publicado: 21 septiembre 2026 a las 4:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Miranda Escolar
ÉXITO EDUCATIVO cruza el ranking internacional de inteligencia con los resultados de PISA 2025. Japón, Singapur, Taiwán y Corea están arriba en ambos, pero las excepciones revelan que la relación entre inteligencia y educación es mucho más compleja de lo que parece.

¿Son mejores los sistemas educativos porque sus alumnos son más inteligentes o son los resultados obtenidos en pruebas de inteligencia, al menos parcialmente, consecuencia de mejores sistemas educativos y condiciones socioeconómicas?
La pregunta surge al comparar dos clasificaciones que miden cosas muy diferentes pero presentan algunas coincidencias llamativas: el ranking internacional de cociente intelectual (CI) publicado por CEOWORLD en 2025 y los resultados de PISA 2025, que la OCDE acaba de hacer públicos.
La última edición de PISA es la mayor realizada hasta ahora: participaron más de 760.000 estudiantes de 15 años de 91 países y economías, representativos de unos 33 millones de jóvenes. Sus resultados dejan además una señal de alarma: las medias de los países de la OCDE han seguido deteriorándose y Matemáticas y Lectura alcanzan sus niveles medios más bajos registrados.
El primer dato que llama la atención al superponer ambos mapas es la extraordinaria presencia de Asia oriental.
El ranking de CEOWORLD sitúa en las seis primeras posiciones por CI medio a Japón (106,48), Taiwán (106,47), Singapur (105,89), Hong Kong (105,37), China (104,10) y Corea del Sur (102,35). A continuación aparecen Bielorrusia, Finlandia, Liechtenstein, Alemania, Países Bajos y Estonia.
PISA 2025 dibuja un panorama sorprendentemente parecido en su parte superior. Las jurisdicciones chinas de Pekín-Shanghái-Jiangsu-Zhejiang (B-S-J-Z) y Singapur encabezan el rendimiento global, mientras Estonia, Japón, Corea del Sur, Macao, Taiwán y Reino Unido se encuentran entre los diez sistemas con mejores resultados en las tres grandes competencias evaluadas.
La coincidencia resulta especialmente visible en Ciencias, competencia principal de PISA 2025.
| País/economía | CI ranking 2025 | Ciencias PISA 2025 |
|---|---|---|
| Japón | 106,48 | 538 |
| Taiwán | 106,47 | 540 |
| Singapur | 105,89 | 560 |
| Hong Kong | 105,37 | 496 |
| China* | 104,10 | 597 |
| Corea del Sur | 102,35 | 526 |
| Finlandia | 101,20 | 504 |
| Alemania | 100,74 | 486 |
| Países Bajos | 100,74 | 485 |
| Estonia | 100,72 | 527 |
| Luxemburgo | 99,87 | 474 |
| Macao | 99,82 | 541 |
| Camboya | 99,75 | 382 |
| Canadá | 99,52 | 510 |
| Australia | 99,24 | 509 |
*En el caso chino debe introducirse una cautela fundamental: PISA no proporciona aquí una muestra nacional de toda China, sino los resultados de B-S-J-Z —Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang—, por lo que ambos datos no representan exactamente la misma población.
Fuente: elaboración de ÉXITO EDUCATIVO a partir de CEOWORLD y OCDE. Los resultados oficiales de Ciencias sitúan, por ejemplo, a B-S-J-Z en 597 puntos, Singapur en 560, Macao en 541, Taiwán en 540, Japón en 538, Estonia en 527 y Corea en 526.
El cruce ofrece un resultado relevante. Tomando los países y economías del grupo superior del ranking de CI para los que existe un dato PISA 2025 comparable, la correlación de Pearson entre el CI atribuido y el resultado en Ciencias ronda r = 0,51.
Es una correlación positiva moderada: a mayor CI medio atribuido al país, tiende a existir un mayor rendimiento PISA, pero estamos muy lejos de una correspondencia perfecta.
Y precisamente las excepciones hacen el análisis especialmente interesante.
Macao, por ejemplo, figura en el puesto 14 del ranking de CI con 99,82 puntos y, sin embargo, obtiene 541 puntos en Ciencias, prácticamente al nivel de Japón y Taiwán. Estonia, duodécima en CI con 100,72, alcanza 527 puntos y se convierte nuevamente en una de las grandes referencias educativas europeas.
En sentido contrario aparece un caso especialmente llamativo: Camboya figura en el puesto 15 del ranking de inteligencia de CEOWORLD, con un CI de 99,75, pero obtiene únicamente 382 puntos en Ciencias en PISA 2025.
Una divergencia de semejante magnitud invita precisamente a ser prudentes con la idea de clasificar la “inteligencia” de países enteros mediante un único indicador.
La relación resulta particularmente sugerente cuando observamos las Matemáticas.
La media de la OCDE ha descendido hasta 463 puntos. Frente a ella, B-S-J-Z alcanza 612 puntos y Singapur 563.
Pero existe otro indicador quizá todavía más revelador: el porcentaje de estudiantes que alcanza los niveles 5 o 6, es decir, los de mayor competencia matemática.
Los siete sistemas con mayores porcentajes de alumnos excelentes son todos asiáticos: B-S-J-Z (54%), Singapur (37%), Taiwán (32%), Macao (29%), Corea (23%), Japón (22%) y Hong Kong (21%). La media de la OCDE es apenas del 8%.
La superposición con los primeros puestos del ranking de CI es difícil de pasar por alto.
Singapur constituye probablemente el mejor ejemplo.
Es tercero en la clasificación de CI de CEOWORLD, con 105,89 puntos, y simultáneamente obtiene 560 puntos en Ciencias, 563 en Matemáticas y 535 en Lectura. En esta última competencia ocupa la primera posición internacional.
No se trata únicamente de tener una pequeña élite de alumnos extraordinariamente buenos. El 37% de sus estudiantes alcanza los niveles superiores en Matemáticas.
Algo parecido sucede con Japón. El país que encabeza el ranking de CI obtiene 538 puntos en Ciencias, 525 en Matemáticas y 503 en Lectura, todos ellos claramente por encima de la media OCDE.
El caso de España introduce un matiz interesante en la relación entre inteligencia estimada y rendimiento educativo. En el ranking de CEOWORLD, España aparece en el puesto 45 del mundo, con un CI medio atribuido de 93,9, claramente alejada de Japón (106,48), Taiwán (106,47), Singapur (105,89) o Corea del Sur (102,35), precisamente países que también destacan en PISA.
En PISA 2025, España ocupa igualmente una posición intermedia entre las economías desarrolladas. Los estudiantes españoles obtienen 457 puntos en Matemáticas, 451 en Lectura y 477 en Ciencias, frente a medias de la OCDE de 463, 461 y 482 puntos, respectivamente. Es decir, España se encuentra entre 5 y 10 puntos por debajo de la media de la OCDE, dependiendo de la competencia.
A primera vista, por tanto, España parece encajar en el patrón general que aparece al cruzar ambas clasificaciones: no figura entre los países con mayor CI estimado y tampoco se encuentra entre los sistemas educativos de mayor rendimiento.
Pero sería incorrecto interpretar esta coincidencia como una demostración de que los estudiantes españoles obtienen peores resultados porque sean «menos inteligentes». PISA mide competencias adquiridas y la capacidad de los alumnos de 15 años para aplicar sus conocimientos, mientras que las clasificaciones internacionales de CI proceden de pruebas y estimaciones diferentes y, en el caso de las comparaciones entre países, no están exentas de controversia metodológica.
Además, el propio ranking de CEOWORLD reconoce que las diferencias observadas en el CI pueden estar relacionadas con factores como la educación, las políticas públicas, la cultura o el acceso a recursos. Esto introduce una cuestión esencial: la educación no tiene por qué ser únicamente una consecuencia de las capacidades cognitivas de una población, sino que puede contribuir también a desarrollarlas.
El dato quizá más revelador en el caso español sea precisamente su evolución reciente. Entre PISA 2022 y PISA 2025, España perdió 16 puntos en Matemáticas y 23 en Lectura, mientras que la caída de 7 puntos registrada en Ciencias no fue estadísticamente significativa. La OCDE señala, además, que los resultados españoles se encuentran entre los más bajos de su serie histórica.
Resultaría difícil explicar un deterioro de esta magnitud en apenas tres años por una hipotética modificación de la «inteligencia» de la población española. Parece mucho más razonable interpretar esa evolución como una evidencia de que el rendimiento cognitivo que capturan las evaluaciones internacionales depende también de cuánto, cómo y en qué condiciones aprenden los estudiantes.
Existe además otro resultado que aconseja evitar las explicaciones demasiado simples. En la nueva evaluación de resolución computacional de problemas de PISA 2025, España alcanza 499 puntos, prácticamente la media de la OCDE, situada en 500, pese a encontrarse por debajo de ella en Matemáticas, Lectura y Ciencias. Un mismo alumnado puede, por tanto, presentar posiciones diferentes dependiendo de las capacidades evaluadas.
El caso español conecta así directamente con la pregunta que da título a este reportaje. Si educación y capacidades cognitivas están relacionadas en ambas direcciones, quizá la cuestión no sea únicamente si los países más inteligentes educan mejor, sino también hasta qué punto educar mejor contribuye a desarrollar las capacidades que posteriormente medimos como inteligencia.
Y esta segunda posibilidad tiene una implicación educativa mucho más relevante: si una parte de las capacidades cognitivas puede desarrollarse mediante la educación, los resultados de un país no constituyen un destino inevitable, sino un ámbito sobre el que escuelas, docentes, familias y políticas educativas pueden actuar.
Hasta aquí los datos. Pero la comparación necesita una advertencia metodológica importante: PISA y un ranking de CI nacional no miden lo mismo.
PISA evalúa hasta qué punto los jóvenes de 15 años son capaces de utilizar conocimientos y competencias en determinados contextos. Los tests de CI pretenden aproximarse a determinadas capacidades cognitivas individuales. Y trasladar estos últimos resultados a países completos es controvertido, pues el propio CEOWORLD reconoce que las puntuaciones pueden variar según las metodologías empleadas y que los sesgos culturales pueden afectar a los resultados. También señala que la inteligencia no se agota en el CI: creatividad, inteligencia emocional o resiliencia quedan fuera de estas mediciones.
Existe además un problema de causalidad. Que dos variables estén relacionadas no significa que una provoque la otra. Un país puede obtener simultáneamente buenos resultados en pruebas cognitivas y educativas porque detrás de ambas existen factores comunes: nivel socioeconómico, nutrición, atención sanitaria, escolarización temprana, formación del profesorado, expectativas familiares, cultura académica, desigualdad o inversión educativa, entre muchos otros.
Incluso cabe plantear la relación en sentido contrario: ¿y si décadas de educación de alta calidad contribuyen también a mejorar las capacidades que posteriormente capturan determinadas pruebas cognitivas?
Algunas de las excepciones resultan particularmente importantes desde el punto de vista educativo.
Estonia no está entre los primeros países del ranking de CI y, sin embargo, vuelve a situarse entre los sistemas educativos más potentes del mundo: obtiene 527 puntos en Ciencias y aparece entre los diez mejores sistemas en Ciencias, Matemáticas y Lectura.
Macao constituye otro ejemplo: con un CI estimado inferior a 100 alcanza 541 puntos en Ciencias y se encuentra entre los sistemas con mejor rendimiento internacional.
Además, la OCDE identifica siete sistemas que consiguen combinar alto rendimiento en Ciencias, elevada inclusión y una asociación relativamente pequeña entre situación socioeconómica y resultados: B-S-J-Z, Canadá, Estonia, Irlanda, Japón, Corea y Macao.
Es decir, no solamente importa cuánto aprende un sistema, sino quién consigue aprender dentro de él.
El cruce entre ambas clasificaciones no permite concluir que determinados países obtengan mejores resultados educativos simplemente porque sus habitantes sean “más inteligentes”.
Sí permite constatar algo más limitado y, precisamente por ello, más sólido: varios de los países y economías situados en los primeros puestos de las estimaciones internacionales de CI aparecen también sistemáticamente entre los mejores sistemas educativos del mundo.
Japón, Taiwán, Singapur y Corea son los ejemplos más evidentes.
Pero Estonia, Macao o, en sentido contrario, Camboya muestran que la relación dista mucho de ser automática.
PISA 2025 deja además otra conclusión que quizá sea más relevante para quienes dirigen sistemas y centros educativos: mientras los resultados medios de la OCDE continúan deteriorándose —desde 2015, Lectura ha perdido 28 puntos y Matemáticas 22—, existen sistemas capaces de mantener rendimientos muy elevados.
La cuestión, por tanto, quizá no sea determinar qué países tienen los alumnos “más inteligentes”, sino qué hacen algunos sistemas educativos para conseguir que una proporción extraordinariamente alta de sus estudiantes desarrolle al máximo sus capacidades.

Inteligencia y Educación en el mundo – Imagen elaborada con ayuda IA
Fuente: https://exitoeducativo.net/actualidad-directiva/los-paises-mas-inteligentes-educan-mejor-o-son-mas-inteligentes-porque-educan-mejor
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