La Pisa que “pesa” demasiado

Publicado: 22 septiembre 2026 a las 4:00 pm

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Por Víctor Hugo Visval

Del Reduccionismo Tecnocrático a la Soberanía Cognitiva en la Era de la Inteligencia Artificial

PISA vs SER

Antiguamente, a mediados del siglo pasado, una letanía se repetía constantemente: “Letra con sangre entra”. Pero la verdad dolorosa era otra: la sangre se derramaba… y la letra jamás entraba. Pasamos de la regla de madera con filo metálico , instrumento de castigo físico, a otro dispositivo que ya no golpea las manos, pero que no deja de castigar: la nueva penalidad cambió de mano y de lugar. Hoy ya no se hiere el cuerpo, sino la mente… y, no solo la de los estudiantes evaluados, sino la autoestima de países enteros y la tensión incremental de sus gobiernos. Ese instrumento tiene nombre: se llama algoritmo, se llama rendimiento estandarizado…PISA. Y aunque sus resultados se procesan, clasifican y publica cifras con la precisión de un reloj que ignora el tiempo, sus resultados nos entregan apenas una sombra pobre y recortada de una realidad educativa, un ranking internacional de mas de 90 países. Una evaluación limitada que provee información insuficiente para construir conocimiento, y mucho menos sabiduría.

Por otro lado vivimos una era en la que “la mal denominada IA o Inteligencia Artificial” nos exige un salto que ningún número puede medir ni dictar: evolucionar del saber al Ser. Ante el avance exponencial e imparable de la IA, superando todo cálculo, capacidad de memoria y velocidad de ejecución. Muchos temen que la IA autogenere su propia conciencia, sin embargo aunque la maquina sea capaz de entregarnos respuestas y muestre un leguaje “humanizado”, no es capaz de sentir emociones, ni asombro …es una máquina, una herramienta sin alma. Eso exige que los seres humanos potenciemos lo que la máquina de silicio no puede, humanizarse. Por ello maestros y líderes educativos deben emprender una verdadera evolución que equilibre la revolución tecnológica….a más tecnología, más humanización. Debemos elevar al Homo Sapiens más allá del saber y dirigir su desarrollo hacia la plenitud del Ser, es allí donde habitan la compasión que no se programa, la voz que no se replica y el amor genuino que sostiene al mundo.

En este tiempo donde la tecnología avanza sin descenso, generando ansiedad por el futuro laboral de los profesionales, la grandeza humana que es única y puede ser muestra de una auténtica unidad radica en aquello que ningún algoritmo podría contener. La realidad que hoy habitamos requiere transformar la información en conocimiento, el conocimiento en saber aplicado a contextos diversos, y ese saber vivencial en el aprendizaje integral del Ser —por encima del mero Hacer.

El termómetro equivocado para leer fiebres de cartón

La educación de nuestro tiempo navega cargando un lastre que ya no sirve, pero que nadie se atreve a soltar. Mientras la Inteligencia Artificial reconfigura con aceleración vertiginosa cómo conocemos, cómo creamos y hasta cómo pensamos, las políticas públicas permanecen encadenadas a un artefacto nacido en el siglo XX: la evaluación PISA.

Imagínate, maestra, maestro, directivo, padre, madre de familia: un solo examen de dos horas, diseñado desde despachos lejanos por especialistas en economía, pretendiendo medir la “calidad” de mentes que florecen desde los Andes hasta Helsinki, desde las selvas amazónicas hasta las estepas del norte.

¿Es esto sensato? No. Sin dramatismos innecesarios, afirmo que semejante pretensión es absurda. Es como juzgar la riqueza de una selva contando cuántos troncos estandarizados caben en un contenedor. Es como pretender que un solo análisis de sangre revela si el corazón late con esperanza, si hay arraigo, si hay bondad, si existe un destino que una persona persigue en silencio.

“Medimos una gota… y creemos haber contenido el océano”.

¿Qué es pisa… y qué mide en verdad?

Nacido a finales de la década de 1990, el programa no fue concebido en el aula, ni desde la psicología del desarrollo, ni desde el amor a la infancia. Salió del pensamiento económico, y su pregunta fundacional nunca fue:

  • “¿Qué ser humano queremos formar?”

Fue mucho más fría, más utilitaria:

  • “¿Cuánto vale el capital humano que estamos produciendo?”

Esta prueba evalúa a jóvenes de 15 años, justo antes de que el mercado laboral los reclame, y funciona como un control de calidad industrial: ¿son piezas aptas para el engranaje global? ¿Cumplen la norma?

Pero la herramienta se convirtió en amo. Y hoy ocurre lo impensable:

  • Gobiernos compitiendo por una mejor posición en el ranking invierten miles de millones para mejorar indicadores… y, en consecuencia, se enseña para responder la prueba, no para la vida. Se marginan las artes, se calla la filosofía, se reduce el pensamiento a elegir la opción correcta entre tres alternativas.
  • Gobiernos celebran o se aterrorizan ante una fotografía parcial de la realidad, transformando un puntaje en trofeo político… mientras la vida viva de las aulas queda oculta bajo la alfombra.

Los datos publicados en septiembre de 2026 confirman la crisis: caídas de hasta 28 puntos en comprensión lectora y matemáticas a escala mundial; territorios que lideran las tablas a costa del agotamiento y la salud mental de su niñez; naciones enteras de América Latina juzgadas con una regla ajena que ignora su historia, su diversidad, sus heridas y sus sueños.

La gran paradoja: el termómetro que enfermó al paciente

PISA comenzó siendo instrumento y terminó siendo un dictador invisible. Dos países pueden obtener idéntica puntuación por caminos irreconciliables: uno que cuidó el bienestar integral de sus estudiantes, y otro que los empujó al límite del sufrimiento para alcanzar la cifra.

Y ahí está la trampa mortal: si solo cuidamos el número, destruimos a la persona.

Reducir el saber a lo que un test puede tabular es tan absurdo como pedirle a un chef que mida el éxito de su banquete por el peso de las servilletas usadas. Se premia la respuesta correcta; se castiga la pregunta valiente. Se celebra la obediencia mental; se silencia la voz propia.

En la era de la IA: el modelo ya está obsoleto

Si este enfoque era insuficiente en el siglo pasado, hoy frente a la Inteligencia Artificial, es obsoleto, inútil y peligroso.

La IA lee más rápido, resume mejor, calcula con mayor precisión y deduce con mayor alcance que cualquier ser humano podrá hacerlo jamás. Entonces: ¿tiene sentido seguir entrenando a nuestras niñas, niños y jóvenes para competir contra la máquina en su propio terreno?

La respuesta duele, pero libera: no. Y lo que la tecnología jamás podrá replicar, lo que PISA jamás midió, es precisamente lo que nos hace insustituibles:

  • La capacidad de sentir que algo importa, más allá de los datos.
  • La mirada capaz de detectar un sesgo, una injusticia, un dolor que no aparece en ninguna estadística.
  • El impulso de cuidar al otro aunque eso no otorgue puntos.
  • La valentía de crear un sentido nuevo que no estaba escrito en ninguna base de datos.

Hacia una evaluación con rostro humano

Frente a la tiranía del ranking, no pedimos renunciar a la exigencia. Pedimos recuperar la sabiduría. Urge transitar hacia una nueva forma de reconocer el aprendizaje, cimentada en tres pilares que ningún algoritmo puede imponer ni agotar:

1. Soberanía cognitiva

Que cada estudiante aprenda a pensar desde su raíz, su cultura, su verdad. Que sepa distinguir entre información y sabiduría, entre novedad y valor, entre ruido y revelación. Que la tecnología sea herramienta al servicio del ser, nunca su dueño.

2. Audacia creativa

Reconocer a quien cuestiona las premisas. A quien dice: “yo veo de otra manera”. A quien propone caminos que no caben en el molde y abren perspectivas inéditas. La respuesta correcta pertenece al pasado; la pregunta valiente construye el futuro.

3. Responsabilidad existencial

Medir el conocimiento no solo por lo que se sabe, sino por lo que se hace con él. ¿Desarrollas tu plenitud? ¿Sanas y construyes? ¿Contribuyes a que el mundo sea mejor que como lo encontraste? Esa huella, invisible para todo ranking, es la única que perdura y revela nuestra verdadera humanidad.

Conclusión: soltar el lastre, navegar hacia el ser

PISA nos pesa porque funciona como ancla: nos mantiene aferrados a una visión caduca de la escuela como fábrica de empleados dóciles. Gobernar la educación solo mediante métricas estandarizadas ya no es solo un error técnico; es una renuncia a nuestra vocación más profunda.

A ti, maestro, maestra, líder educativo que lees esto, te propongo:

  • Aliviemos las cargas y los sobrepesos emocionales que otros colocaron sobre nuestros hombros.
  • La escuela del futuro no necesita termómetros que midan obediencia. Necesita espacios luminosos donde aprendamos a pensar, a sentir, a decidir en libertad y a construir, juntos, un nuevo Ser.

Ningún ranking transnacional podrá medir jamás la magnitud de una conciencia despierta. Ninguna tabla contendrá nunca el peso específico de un ser humano que ha redescubierto el asombro de aprender.

¿Estamos listos para soltar el lastre? ¿Estamos listos para educar… para la vida?

“Somos reemplazables en lo que hacemos, pero somos irreemplazables en lo que somos”

Antiguamente, a mediados del siglo pasado, una letanía se repetía constantemente: “Letra con sangre entra”. Pero la verdad dolorosa era otra: la sangre se derramaba… y la letra jamás entraba. Pasamos de la regla de madera con filo metálico , instrumento de castigo físico, a otro dispositivo que ya no golpea las manos, pero que no deja de castigar: la nueva penalidad cambió de mano y de lugar. Hoy ya no se hiere el cuerpo, sino la mente… y, no solo la de los estudiantes evaluados, sino la autoestima de países enteros y la tensión incremental  de sus gobiernos. Ese instrumento tiene nombre: se llama algoritmo, se llama rendimiento estandarizado…PISA. Y aunque sus resultados se procesan, clasifican y publica cifras con la precisión de un reloj que ignora el tiempo, sus resultados nos entregan apenas una sombra pobre y recortada de una realidad educativa, un ranking internacional de mas de 90 países. Una evaluación limitada que provee información insuficiente para construir conocimiento, y mucho menos sabiduría.

Fuente: https://exitoeducativo.net/firmas-expertos-en-educacion/la-pisa-que-pesa-demasiado