Publicado: 31 julio 2026 a las 2:00 am
Categorías: Artículos
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Latin American Female"]
Por Laura de Grado Alonso

La mayor exposición del cuerpo, el aumento del tiempo dedicado a las redes sociales, donde proliferan mensajes sobre delgadez, dietas y transformación física, y la pérdida de las rutinas escolares pueden intensificar durante el verano el malestar de niñas, niños y adolescentes con su imagen y favorecer la aparición o el agravamiento de trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
La Unión de Asociaciones Familiares (UNAF) advierte en un comunicado que las vacaciones constituyen un periodo de especial vulnerabilidad, en particular para adolescentes, en un contexto en el que estos problemas de salud mental se manifiestan cada vez a edades más tempranas.
En España, alrededor de 400.000 personas conviven con trastornos de la conducta alimentaria y unas 300.000 tienen entre 12 y 24 años, según estimaciones de la Fundación FITA y la Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (AEETCA) recogidas por la organización.
Aunque la adolescencia continúa siendo la etapa de mayor incidencia, la edad de inicio ha descendido durante los últimos años. La Asociación Española de Pediatría y otras entidades especializadas han constatado un aumento de casos en menores de 12 años y diagnósticos que pueden producirse ya entre los ocho y los nueve.
“La adolescencia y la juventud son etapas en las que la construcción de la identidad, la imagen corporal y la aceptación social adquieren una gran importancia. En verano confluyen circunstancias que pueden aumentar el malestar relacionado con la apariencia física y favorecer la aparición o el agravamiento de conductas de riesgo como los trastornos de conducta alimentaria”, señalan desde UNAF.
Uno de ellos es el incremento del tiempo de exposición a redes sociales como TikTok o Instagram, donde durante estos meses proliferan tendencias especialmente extendidas entre chicas como el summer glow up, que invita a transformar el cuerpo y la apariencia antes o durante las vacaciones; o el llamado SkinnyTok, asociado a la exaltación de la delgadez extrema y cuyo hashtag fue bloqueado por TikTok ante el riesgo de que promoviera restricciones alimentarias perjudiciales. Entre los chicos jóvenes ha ganado terreno el Looksmaxxing, una tendencia que propone “maximizar” el atractivo físico mediante rutinas de cuidado facial, ejercicio y dieta para aproximarse a determinados ideales de musculatura y estructura facial.
En ese mismo ecosistema circulan los vídeos de what I eat in a day, en los que las personas usuarias muestran todo lo que comen durante una jornada.
A esta presión se suma la mayor presencia de fotografías y vídeos en bañador, así como de planes relacionados con playas y piscinas, que pueden favorecer la comparación constante y hacer que la apariencia física ocupe un lugar central en las relaciones sociales.
Las vacaciones también interrumpen las rutinas y los espacios que durante el curso pueden funcionar como factores de protección, según explica la organización. La ausencia de clases, actividades extraescolares o contacto cotidiano con docentes y otras personas adultas de referencia dificulta en algunos casos la detección temprana de cambios en el estado emocional o en los hábitos alimentarios.
UNAF recuerda que el sufrimiento asociado a la imagen corporal no siempre se expresa abiertamente y puede comenzar con modificaciones aparentemente pequeñas.
Evitar planes relacionados con la playa o la piscina, preocuparse de forma excesiva por el aspecto físico, hacer comentarios negativos frecuentes sobre el propio cuerpo o eliminar alimentos sin indicación médica son algunas de las señales de alerta. También deben observarse el aislamiento progresivo, los cambios bruscos de humor, la rigidez en torno a las comidas o la práctica excesiva de ejercicio físico.
Por ello, UNAF recomienda a las familias interpretar estas conductas como posibles expresiones de malestar emocional, en lugar de reducirlas a una cuestión de apariencia, disciplina o voluntad.
“Escuchar sin juzgar, favorecer una comunicación abierta y evitar comentarios sobre el peso, el cuerpo o la alimentación son herramientas fundamentales para prevenir que ese sufrimiento se agrave”, subraya la entidad.
La organización recuerda, no obstante, que la prevención no puede recaer únicamente sobre familias y personas cuidadoras, y reclama políticas públicas que promuevan el bienestar emocional durante la infancia y la adolescencia.
Entre las medidas necesarias, cita el refuerzo de la atención psicológica y de los recursos especializados de intervención temprana, así como una alfabetización digital que permita reconocer y cuestionar los mensajes que vinculan el éxito, la aceptación o el valor personal con la apariencia.
Para trabajar en este ámbito, UNAF desarrolla el programa Cuerpos que importan, dirigido principalmente a menores de entre 8 y 16 años y a sus familias, con el apoyo del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.
La iniciativa ofrece talleres y materiales educativos para fomentar una relación saludable con el cuerpo, la alimentación y la autoestima, además de herramientas para analizar críticamente los cánones de belleza y la influencia de las redes sociales.
Fuente: https://efeminista.com/verano-riesgo-trastornos-conducta-alimentaria-menores/
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