Publicado: 20 julio 2026 a las 6:00 am
Categorías: Libros / Literatura
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Por Miguel Plaza Moreno

a imaginación de un niño es una de las virtudes más extraordinarias que existen. Si se le permite desarrollarla, es capaz de convertir una caja de cartón en una nave espacial o un suelo mojado en un océano de lava imposible de cruzar. Pero quizá haya otra cualidad infantil todavía más difícil de conservar con los años: la capacidad de aceptar el asombro. Para ellos casi todo es nuevo, y por eso casi todo puede ser posible. Tal vez por eso Las crónicas de Narnia siguen funcionando tres cuartos de siglo después de su nacimiento: porque apelan a esa parte de nosotros que alguna vez creyó —sin necesidad de explicaciones— que detrás de una puerta podría haber otro mundo. En este caso, detrás de un armario.Todo comenzó en 1950 con la publicación de El león, la bruja y el armario, la novela con la que Clive Staples Lewis —más conocido como C. S. Lewis o, simplemente, Jack para sus amigos— inició y mostró el mundo de Narnia a varias generaciones de lectores. Profesor de Oxford, ensayista, novelista y uno de los grandes intelectuales británicos del siglo XX, Lewis forma parte de esa pequeña lista de autores cuya influencia es parte de la historia de la literatura. Junto a su amigo J. R. R. Tolkien integró los Inklings, aquel célebre cenáculo de escritores y profesores que se reunía en los pubs de Oxford para hablar de literatura, mitología, religión e intercambiar capítulos de las obras que estaban escribiendo. Entre pintas de cerveza y discusiones académicas se gestaron algunas de las historias que acabarían definiendo la fantasía moderna.
“Sin embargo, reducir Las crónicas de Narnia a un simple ejercicio de imaginación sería quedarse cortos. Lewis escribió estos libros en la inmediata posguerra”
Existe incluso una anécdota que parece sacada de una de sus novelas. Según recordaba George Sayer, antiguo alumno y amigo de Lewis, una noche, mientras regresaban caminando por Malvern después de pasar por el pub, Lewis se detuvo frente a una farola iluminada en mitad de la nieve y comentó: «Eso sería un buen comienzo para un libro». Décadas después, esa imagen acabaría convertida en uno de los iconos más reconocibles de Narnia.
Lewis imaginó un mundo al que se accede atravesando un armario, donde los animales hablan, los árboles caminan y un león llamado Aslan encarna el corazón moral de toda la saga. A lo largo de siete novelas, distintos niños llegan a Narnia en momentos decisivos de sus vidas y descubren un reino que vive épocas de esplendor, guerra, creación y decadencia. Cada título puede leerse como una aventura independiente, pero juntos forman un ciclo que ha marcado la imaginación de millones de lectores.
Sin embargo, reducir Las crónicas de Narnia a un simple ejercicio de imaginación sería quedarse cortos. Lewis escribió estos libros en la inmediata posguerra. Europa acababa de sobrevivir al conflicto más devastador de su historia y millones de niños habían crecido entre bombardeos, evacuaciones y pérdidas familiares. La infancia había dejado de ser un territorio protegido. Quizá por eso Lewis trató a sus jóvenes lectores con un respeto poco habitual para la época. Comprendía que los niños no son adultos incompletos ni seres a los que haya que ocultarles la existencia del sufrimiento.
“Son libros escritos para niños, pero también para adultos que recuerdan haber sido niños. Obras capaces de ofrecer lecturas distintas según la edad del lector”
En Narnia hay muerte, traición, sacrificio, miedo y dolor. Pero también hay amistad, valentía, compasión, responsabilidad y esperanza. Lewis entendía que proteger a un niño no consiste en ocultarle la oscuridad, sino en enseñarle que es posible atravesarla, ofreciéndole valores y herramientas que le acompañarán toda la vida.
Por eso dedicó El león, la bruja y el armario a su ahijada Lucy Barfield, cuya influencia es visible incluso en el nombre de uno de los personajes más queridos de la saga. La dedicatoria se ha convertido con el tiempo en toda una declaración de principios: «Pasará el tiempo y algún día serás lo bastante mayor para volver a leer cuentos de hadas».
Probablemente ahí reside uno de los grandes secretos de Narnia. Son libros escritos para niños, pero también para adultos que recuerdan haber sido niños. Obras capaces de ofrecer lecturas distintas según la edad del lector. Quien se acerca a ellas por primera vez encuentra aventuras, criaturas fantásticas y batallas épicas. Quien regresa décadas después descubre reflexiones sobre la fe, la responsabilidad, el sacrificio o la pérdida de la inocencia. Esa capacidad para dialogar con lectores muy diferentes es precisamente una de sus características. Los libros funcionan en múltiples niveles de lectura y cada lector puede quedarse en el que desee. Un niño puede disfrutar de una aventura; un adulto puede encontrar significados más profundos; y ambos salen igualmente satisfechos.
“No cabe en un bolsillo, desde luego. Pero sí parece el tipo de libro que uno puede dejar sobre la mesilla y leer capítulo a capítulo junto a sus hijos antes de dormir”
La editorial HarperCollins ha querido celebrar este aniversario con una edición integral que reúne las siete novelas (que en su momento publicó Alfaguara Juvenil) del ciclo en un único volumen. El recorrido comienza con El sobrino del mago, que aunque fue publicado en sexto lugar ocupa el primer puesto en la cronología interna de Narnia. Curiosamente, este orden cuenta con el respaldo del propio Lewis. Cuando un joven lector le escribió preguntándole si era mejor seguir el orden de publicación o el cronológico, el autor respondió que prefería este último. Desde entonces el debate sigue vivo entre los aficionados, pero aquí se opta por seguir la recomendación del creador de Narnia.
Hay que reconocer que esta edición ómnibus es de las que invitan a abrir el libro y detenerse en sus detalles antes incluso de empezar a leer. Se nota que estamos ante un libro concebido por personas que aman la obra. Sobrecubierta elegante, cantos decorados con la frase «Cuando Aslan vuelva, la injusticia verá su fin», marcapáginas de tela, mapa de Narnia en las guardas y las clásicas ilustraciones de la británica Pauline Baynes, elegida personalmente por Lewis para dar forma visual a Narnia. Sus dibujos llevan acompañando a varias generaciones de lectores y forman parte inseparable del imaginario de la saga.
Además, algo que agradecerán quienes suelen desconfiar de los tomos recopilatorios: pese a reunir las siete novelas, sigue siendo un libro cómodo de leer. El papel tiene buen gramaje, la tipografía mantiene un tamaño generoso y no se ha optado por esas soluciones extremas de papel finísimo y letra diminuta que convierten algunos integrales en objetos más decorativos que prácticos. No cabe en un bolsillo, desde luego. Pero sí parece el tipo de libro que uno puede dejar sobre la mesilla y leer capítulo a capítulo junto a sus hijos antes de dormir.
Y quizá esa sea la mejor forma de volver a Narnia. Porque, en ocasiones, son los niños quienes recuerdan a los adultos que resulta perfectamente razonable que detrás de la puerta de un armario exista otro mundo.
Fuente: https://www.zendalibros.com/vuelve-narnia-75-anos-despues-seguimos-cruzando-el-armario/
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