Publicado: 7 julio 2026 a las 4:00 am
Categorías: Artículos
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Por Marga Zambrana y Anna Sánchez-Juárez
La combinación de deporte y estudios aporta competencias que pueden influir en el rendimiento y bienestar psicológico de los deportistas de élite
La carrera dual ayuda a planificar, gestionar la presión y abrir nuevas etapas profesionales en el futuro

Entrenar, competir, viajar, gestionar lesiones, convivir con la presión y, además, estudiar. La vida de un deportista de alto rendimiento exige una organización extrema, pero también plantea una pregunta menos visible: ¿puede la formación académica mejorar la carrera deportiva mientras esta sigue en activo? Una revisión internacional reciente vincula la continuidad de la carrera dual con la flexibilidad académica, la tutoría y el apoyo institucional. Además, señala que prepara para el futuro laboral y aporta herramientas útiles durante la etapa competitiva.
La carrera dual, entendida como la combinación de deporte de alto rendimiento y estudios, puede influir en el rendimiento y el bienestar psicológico. “Estudiar aporta mucho más que una titulación para el futuro”, explica Mercè Boixadós, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC e investigadora del grupo BDLab, adscrito al eHealth Centre.
Según la experta, la formación universitaria actúa como “una herramienta de desarrollo personal” porque ayuda a los deportistas a construir una identidad más amplia que la vinculada exclusivamente al deporte. Este punto resulta especialmente importante en carreras marcadas por la exigencia física, la incertidumbre y los cambios de etapa. La investigación sobre la carrera dual muestra que los estudios pueden proporcionar recursos valiosos para afrontar las transiciones propias de una trayectoria deportiva de alto nivel, desde el paso al deporte profesional hasta la retirada o la reubicación laboral posterior.
La gimnasta Maia Llácer Sirera, deportista de alto nivel, integrante del Equipo Nacional de Gimnasia Artística Femenina y estudiante del grado de Psicología de la UOC, lo resume desde su experiencia directa. Entrena unas ocho horas al día y siempre ha considerado que su deporte tiene un componente mental decisivo. “Siempre he dicho que este deporte es 80 % mental y 20 % físico”, afirma. En su caso, estudiar Psicología le ha servido para entender mejor procesos como los nervios, el estrés, la frustración, la exigencia o la presión competitiva. “Más que a afrontar las cosas, me ha ayudado a prepararme para ellas”, señala.
Por su parte, Martín de la Puente, deportista profesional de tenis en silla de ruedas y alumni del grado de Administración y Dirección de Empresas de la UOC, destaca que haber estudiado mientras desarrollaba su carrera deportiva profesional le ha permitido ampliar su identidad personal y “descargar la presión mental por la práctica deportiva intensa”. Asimismo, explica que la formación le ha obligado a organizarse “de una manera distinta”, establecer “nuevas redes de contacto” y concentrarse en cuestiones alejadas del deporte. Además, los estudios le han brindado “una visión más amplia” de varias disciplinas vinculadas a su actividad, como “la organización de torneos, la comunicación y el marketing”.
Una identidad más amplia que la deportiva
En el alto rendimiento, buena parte de la vida del deportista gira en torno a entrenamientos, resultados, competiciones y objetivos a corto plazo. Ese entorno puede reforzar una identidad muy potente, aunque también limitada: el deportista se define casi exclusivamente por su rendimiento. Boixadós advierte de que los estudios ayudan a ampliar los intereses, a construir una identidad más diversa y a adquirir herramientas personales útiles durante la carrera deportiva y en las etapas de cambio que la acompañan.
La literatura científica sobre el tema ha subrayado esta dimensión. Un estudio sobre deportistas de élite mostró que contar con proyectos académicos y personales paralelos puede facilitar una mejor adaptación a los cambios y a las transiciones deportivas.
Para Llácer, esta idea tiene una dimensión práctica. La gimnasia artística es un deporte minoritario, muy exigente y con una vida deportiva relativamente corta. “No puedes vivir de la gimnasia”, explica. Además, es una disciplina lesiva, en la que una lesión o el paso del tiempo pueden modificar de forma radical el calendario deportivo. Por eso, considera esencial que los estudios acompañen la carrera deportiva desde el principio. “El día de mañana, se te acaba el deporte y no tienes nada. No es lo mismo haber compaginado los estudios desde pequeña que tener que empezar de cero”, señala.
La flexibilidad de la UOC se presenta aquí como un elemento clave. Llácer subraya que, con las horas de entrenamiento de un deportista de alto nivel, muchas personas acaban dejando su formación en segundo plano. El modelo a distancia le ha permitido seguir estudiando y adaptarse a las exigencias de la competición. “La UOC me ha ayudado muchísimo porque, al ser a distancia, me ha permitido compaginarlo y poder seguir mi formación”, explica.
Competencias que también se entrenan
Estudiar mientras se compite exige planificación, disciplina y capacidad de adaptación. Para Boixadós, muchas de las competencias desarrolladas a lo largo de la trayectoria académica tienen una aplicación directa en el rendimiento deportivo. El hecho de compatibilizar entrenamientos, viajes, competiciones y entregas universitarias obliga a organizarse, anticipar dificultades, gestionar imprevistos y perseverar.
Una investigación sobre competencias para planificar la carrera dual identificó habilidades como la toma de decisiones, la planificación del futuro académico y deportivo, el establecimiento de objetivos y la conciencia de las propias fortalezas y limitaciones. Todas ellas son útiles para gestionar situaciones habituales en la vida de un deportista: una lesión, una mala competición, un cambio de entrenador, una etapa de mayor presión o el tránsito hacia la vida adulta.
De la Puente señala que el deporte profesional no se limita al entrenamiento y la competición, sino que también exige “gestionar equipos, coordinar agendas y negociar con patrocinadores”. En ese contexto, los conocimientos adquiridos en el grado de Administración y Dirección de Empresas han tenido una aplicación directa. “Cuando negociamos un contrato con un patrocinador, hay que analizar con rigor los compromisos que asumimos y sus consecuencias en términos de gestión, contabilidad o fiscalidad”, explica. En ocasiones, añade, ha recurrido a contenidos desarrollados en las pruebas de evaluación continua de la UOC para afrontar estas situaciones. “Muchas veces he tirado de esos recursos”, admite.
Llácer lo reconoce en su propia rutina. Estudiar “ayuda a tener una rutina y una disciplina, y a estar organizada”, afirma. La gimnasta explica que los deportistas están acostumbrados a tener el tiempo muy pautado. Cuando una lesión reduce las horas de entrenamiento, puede surgir una paradoja: al disponer de más tiempo libre, resulta más difícil organizarse para estudiar, preparar exámenes o entregar trabajos. La formación, en ese contexto, contribuye a mantener hábitos y una estructura diaria.
También hay un aprendizaje menos visible. Llácer explica que estudiar Psicología le permite interpretar mejor lo que le sucede en la competición y en los entrenamientos. Identificar los nervios, la presión o la frustración como procesos normales ayuda a gestionarlos con mayor lucidez. “Estudiar te ayuda a entenderte y a poder focalizar”, resume.
Boixadós coincide en que la combinación de estudios y deporte ofrece oportunidades para desarrollar recursos personales útiles en ambos ámbitos. Por eso, cada vez se considera más que la carrera dual forma parte del desarrollo integral de los deportistas y puede reforzar su bienestar psicológico, su capacidad de planificación y su forma de afrontar la competición.
La ventaja invisible de estudiar
El encaje entre estudios y deporte resulta más evidente cuando la formación se relaciona con la actividad física, la psicología o la gestión deportiva. Sin embargo, Boixadós subraya que los beneficios no dependen únicamente de que la disciplina académica esté directamente conectada con el deporte. Ámbitos como la empresa, la tecnología, la comunicación o las humanidades también pueden aportar competencias valiosas para el rendimiento y el bienestar. En el caso de De la Puente, esa ventaja se traduce en una mayor capacidad para comprender y gestionar aspectos empresariales que forman parte de la carrera de un deportista profesional, desde la relación con los patrocinadores hasta la organización de eventos, la comunicación o las obligaciones fiscales.
Estas disciplinas fomentan habilidades como el pensamiento crítico, la capacidad de análisis, la resolución de problemas, la creatividad y la comunicación efectiva. También favorecen el autoconocimiento y ayudan al deportista a desarrollar intereses y objetivos complementarios a la competición. Para Boixadós, ahí se sitúa una parte de la “ventaja invisible” de estudiar: competencias que el público no ve, pero que pueden influir en la forma de afrontar la presión, tomar decisiones, adaptarse a los retos y mantener el equilibrio personal. Una revisión de 2023 sobre la carrera dual en el deporte femenino también subraya la importancia de estos procesos en la trayectoria de las deportistas.
En el caso de Llácer, esa ventaja aparece en el paso de la gimnasia adolescente a la gimnasia adulta. La deportista explica que, después de competir en un mundial, cambió su forma de entender el deporte. “Tengo una gimnasia pre-Mundial y pos-Mundial”, afirma. Esa experiencia le quitó presiones, modificó su forma de ver las cosas y la llevó a entrenar de otra forma. La etapa adulta, explica, exige adaptar el trabajo a las propias condiciones y capacidades, cuidar más las cargas y dar mayor importancia a la vida personal.
Ese cambio implica pasar de la cantidad a la calidad. “A medida que haces el cambio adulto, tu cabeza se abre y empiezas a entrenar con mayor eficacia“, explica Llácer. En un deporte tan lesivo como la gimnasia artística, el trabajo inteligente se vuelve crucial. La deportista considera importante alargar la vida deportiva de las gimnastas y adaptar los métodos de entrenamiento a quienes ya no son adolescentes, algo que en España empieza a aplicarse a un pequeño grupo de gimnastas mayores de dieciocho o diecinueve años.
La formación universitaria ayuda a comprender mejor esos procesos. Estudiar permite mirar el deporte con más distancia, incorporar herramientas psicológicas y preparar el futuro mientras se sigue la carrera competitiva. Es beneficioso también a la hora de proseguir con los entrenamientos, de competir mejor y de recordar que el deportista también es una persona.
Fuente: https://www.uoc.edu/es/news/2026/estudiar-tambien-mejora-el-rendimiento-deportivo
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