La periodista Clara Nuño: El folclore y las canciones populares esconden “auténticas barbaridades” y violencia sutil

Publicado: 10 abril 2026 a las 2:00 am

Categorías: Libros / Literatura

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Por Gema Mañogil

Parte del folclore y las canciones populares esconden “auténticas barbaridades” y una violencia sutil —o a veces explícita, como en la canción Don Federico mató a su mujer— que se instala con normalidad en la mente desde la infancia, asevera la periodista Clara Nuño, autora de Las niñas bonitas no pagan dinero, publicado recientemente.

“Me pidieron que escribiera un libro sobre la belleza“. Esta es la confidencia que encabeza la nota que comparte con quien termina su novela, un título que no es casualidad; es un extracto directo de la canción popular infantil Al pasar la barca

“A medida que he ido creciendo, he dicho: ‘Wow, cuánto subtexto hay en el folclore’. Tenía claro que quería tirar de ahí”, ha explicado en una entrevista con Efeminista.

Este deseo ha culminado en su obra (Aguilar), que ha escrito después de permitirse aceptar que tenía algo relevante que contar: “Las cosas de chicas son universales porque somos la mitad de la humanidad”.

Nuño se ha nutrido de conversaciones ajenas y de su propia experiencia para desafiar los estereotipos que dominan el imaginario colectivo —que condicionan la forma en la que las niñas y las mujeres se relacionan consigo mismas y con los demás— y ha conseguido, como adelanta el subtítulo, Una mirada mordaz y divertida sobre identidad, deseo, exigencias estéticas y presiones sociales para ser una buena chica.

La belleza, un “arma de doble filo”

El concepto de belleza vertebra la obra, pero Nuño lo aborda despojándolo de cualquier aura de frivolidad para tratarlo como lo que identifica como un implacable mandato social.

La autora desentraña la trampa que esconde el propio título que ha elegido, la engañosa premisa de que encajar en la norma otorga privilegios absolutos o te exime de rendir cuentas en la vida.

Pagas con todo tu ser, pagas con tu cuerpo. Tú eres el objeto, tú eres la pieza”, reflexiona.

De esta manera, presenta la belleza como una compleja moneda de cambio que las propias mujeres aprenden a instrumentalizar empujadas por el sistema, asevera.

“A veces es algo que te puede herir, pero otras veces es algo que tú puedes utilizar para conseguir algo del otro y puedes utilizarlo con maldad, evidentemente, porque somos seres humanos”, afirma.

La belleza normativa, que Nuño define como “un arma de doble filo”, exige un tributo constante en forma de tiempo, dinero y salud mental.

Contra el mito del “ser de luz”

Uno de los pilares del libro es el rechazo frontal a la idealización de la mujer y a la sororidad mal entendida. “Toda idealización es una catástrofe. En el momento en el que pongas a alguien en un pedestal, le vas a tirar de él cuando cometa un error”, advierte.

Para la autora, despojar a las mujeres de sus defectos es, paradójicamente, un acto profundamente patriarcal.

“Me parece muy machista esta idea de que las mujeres son seres de luz. No las deja ser. A mí me interesa hablar de las mujeres como seres humanos, capaces de cosas muy buenas y muy malas“, expresa.

Nuño apuesta por criaturas complejas, con sus propios deseos, egoísmos y contradicciones, y recuerda que, a menudo, “la víctima y el victimario pueden ser la misma persona”.

La familia y la herencia de los complejos

La influencia de la familia en la autoestima es otro de los temas transversales que Nuño disecciona en Las niñas bonitas no pagan dinero. Lejos de la demonización, aborda cómo las madres y los padres transmiten sus propias inseguridades y presiones socioculturales a sus hijas e hijos, en muchos casos de forma inconsciente.

En la entrevista pone como ejemplo la presión estética heredada de madres a hijas: “Una madre, programada para pensar que la delgadez es la belleza, va a trasladarlo a su hija pensando que le irá mejor en la vida si no se enfrenta a que la llamen gorda”.

En la novela, la autora también ha querido reivindicar el sufrimiento y los condicionantes que la educación machista ejerce sobre los niños y los hombres, al negarles su vulnerabilidad y obligarlos a reprimir sus emociones. Esta concepción cristaliza en una escena de duelo protagonizada por un abuelo al que nadie presente en la escena presta atención.

“Nadie se está enterando de su dolor […] se da por sentado, pero no se están fijando porque lo hace de manera muy discreta y para sí mismo”, subraya.

El tabú de la sexualidad

Nuño se muestra crítica con la precaria educación sexual actual, que resume como “lo que te vaya ocurriendo en esta vida”.

Denuncia la doble moral que permite a los chicos explorar mientras castiga a las chicas, y aboga por una educación sexual adecuada a la edad, pública y centrada en el consentimiento, el funcionamiento del cuerpo y el placer.

“No hay nada malo en dar o recibir placer; es bello, pero no se habla”, lamenta.

Este tabú conecta directamente con otro de los grandes temas del libro, la belleza artificial. Nuño no demoniza la cirugía estética per se —reconoce su poder reconstructivo tras accidentes y enfermedades y su capacidad para aliviar complejos—, pero recuerda la preocupante tendencia de “esculpir las caras para llegar a un canon” que homogeneiza los rostros.

“Siento que poco a poco empieza a haber un rechazo hacia esto”, vaticina, comparando esta obsesión con obras de body horror, como la película La Sustancia (2024).

La IA frente a una epidemia de soledad

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) también tiene su espacio en Las niñas bonitas no pagan dinero, donde Nuño ironiza sobre el uso de estas herramientas como apoyo emocional: “Me genera muchísimo rechazo”, confiesa.

Aunque reconoce su utilidad como herramienta de búsqueda y trabajo, alerta del peligro de humanizar a un “algoritmo entrenado” y sobre la trampa emocional que supone.

“ChatGPT va a tener un sesgo positivo. Todo lo que le pongas es una buena idea, te va a decir: ‘Qué listo eres’. Y si estás en un momento de debilidad, vas a establecer un vínculo“, advierte.

En la novela, lleva esta complacencia al extremo satirizando que la IA la apoyaría incluso si cometiera un crimen; una dependencia que, para la escritora, refleja un problema mucho más profundo: una epidemia de soledad no deseada, ligada a la hiperconectividad y a la precariedad material.

“Si estás en un momento de soledad, no tienes dinero para pagarte una terapia porque es carísima y los sueldos en España no van acorde al nivel de vida, al final ChatGPT es la solución rápida, fácil y económica“, cavila.

Sin embargo, el precio a pagar, de nuevo, es alto. Nuño no solo cuestiona la entrega de nuestros datos más íntimos a grandes empresas tecnológicas, sino que expresa su preocupación sobre el futuro si seguimos delegando nuestra educación emocional en las máquinas: “Si esto sigue por la deriva actual, va a hacer mucho daño a mucha gente”, concluye.

Fuente: https://efeminista.com/clara-nuno-las-ninas-bonitas-no-pagan-dinero/