Publicado: 31 marzo 2026 a las 4:00 pm
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Por VICTORIA BONAFÉ CEITA
Si uno piensa en los avances de la ciencia moderna, casi seguro que el nombre de Einstein cruzará por su mente. Defensor de un sistema educativo adaptado y particular, debido en parte a su propia experiencia, el aprendizaje que podemos extraer de él va mucho más allá de la física.

ació con los primeros albores de la primavera, un 14 de marzo de 1879, y falleció a sus recién cumplidos 76 años, dejando tras de sí un mundo diferente al que le vio llegar y que él mismo contribuyó a transformar. Como reconoce la astrónoma estadounidense de la NASA, Amy Mainzer, “Las leyes fundamentales de la física que él descubrió sustentan toda la vida moderna desde las telecomunicaciones hasta los satélites o los teléfonos móviles, en definitiva, su aportación a la ciencia está en todas partes”
No todos estamos llamados a tener un papel tan relevante en los avances de un determinado campo del saber, pero al menos sí a permitir que sean la admiración y la curiosidad las que conduzca nuestro aprendizaje y ejercicio de la profesión.
Dos virtudes —la admiración y la curiosidad— definieron la vida de un hombre que, sin nosotros saberlo, han cambiado nuestras vidas. Por eso, más allá de aspirar a comprender la teoría de la relatividad, que quizá esté reservada a las mentes más brillantes, este devoto de la ciencia tenga algo que enseñarnos sobre la educación y el sistema educativo.

Todos somos unos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es un inútilAlbert Einstein
A finales del siglo pasado, concretamente en 1993, varios expertos en psicología, filosofía y ciencias de la educación —César Coll, Elena Martín, Teresa Mauri, Mariana Miras, Javier Onrubia, Isabel Solé y Antoni Zabala— desarrollaron una profunda reflexión acerca del modelo de enseñanza en las escuelas. Se preguntaron varias preguntas fundamentales a las que deberíamos volver constantemente como sociedad porque de ellas dependen las futuras generaciones y, por ende, nuestro futuro ¿Cómo se mide una educación de calidad? ¿Cómo aprenden los alumnos? ¿Por qué aprenden? ¿Qué debo hacer para que aprendan?
Sin duda, no tienen fácil respuesta, no obstante, motivados por la imperiosa necesidad de dar una respuesta no definitiva, pero que sirva de referencia,señalaron que “la educación escolar promueve el desarrollo constructivista del alumno en la medida en que le ayudan a que se haga una persona única e irrepetible en el contexto de un grupo social determinado” coincidiendo así con la afirmación del propio Einstein en que una escuela de calidad es aquella capaz de atender a la diversidad.
“Allá fuera estaba ese gran mundo que existe independientemente de los hombres y que se alza ante nosotros como un enigma grande y eterno, pero que es accesible, en parte al menos, a la introspección y al pensamiento” Albert Einstein
Cuando uno se acerca a la autobiografía de este físico alemán tratando de encontrar en ella alguno de los factores que explican su éxito profesional uno se encuentra dos cosas, primer un acto de humildad y profunda reflexión personal: “El hombre de hoy, el de sesenta y siete años, no es el mismo que el de cincuenta, que el de treinta, ni que el de veinte. Cada recuerdo está teñido por el estado actual, es decir, por una perspectiva falaz. Semejante constatación bastaría para disuadirle a uno de su propósito” y segundo una envidiable, a la vez que inspiradora admiración por el mundo.
Varios episodios de su niñez con relatados con una entrañable nostalgia reflexiva que nos dan una intuición de quién fue: “A los cuatro o cinco años, cuando mi padre me enseñó una brújula. El que la aguja se comportara de manera tan determinada en esta experiencia me causó una impresión honda e indeleble. Detrás de las cosas tenía que haber algo profundamente oculto”.
Cuántos son los sistemas educativos que estarían hoy en condiciones de alardear de tener alumnos que con tanto asombro se preguntan por la realidad, por el por qué de las cosas, dejando que sea su propia experiencia la que ayude a encontrar un significado propio y personal para un objeto de conocimiento. Como dicen Isabel Solé y César Coll: “El aprendizaje contribuye al desarrollo en la medida en que aprender no es copiar o reproducir la realidad, sino cuando ayuda a elaborar una representación personal” que no es relativismo, sino una misma realidad contemplada personalmente por un individuo concreto.
“En realidad es casi un milagro que los modernos métodos de enseñanza no hayan estrangulado ya la sagrada curiosidad de la investigación, pues, esta delicada plantita necesita sobre todo libertad; sin esta se marchita indefectiblemente”, defendía Einstein
Y añadía que la ilusión de mirar y buscar desaparece a golpe de coacción provocando que “frente a aquello que el hombre tiene ante sus ojos desde pequeño no reaccione, no se asombre de la caída de los cuerpos, ni del viento y la lluvia, ni tampoco de la Luna ni de que esta no caiga, ni de la diversidad de lo animado e inanimado”.
Ello lo ejemplifica con su propia vivencia de la universidad: “Para los exámenes había que embutirse todo ese material en la cabeza, quisieras o no. Semejante coacción tenía efectos tan espantosos que, tras aprobar el examen final, se me quitaron las ganas de pensar en problemas científicos durante un año entero”
En suma, la pregunta por cómo desarrollar una educación de calidad no tiene tiene ni fácil respuesta ni una única solución, porque los tiempos cambian y la sociedad avanza, pero como seres humanos, tenemos el deber de preocuparnos de custodiar siempre la curiosidad y la admiración.
Fuente: https://www.telva.com/bienestar/2026/03/31/69cbc7f601a2f152658b459e.html
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