Publicado: 30 marzo 2026 a las 8:00 pm
Categorías: Entrevistas
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Latin American Female"]
Por Laura Pajuelo
El autor de ‘La destrucción planificada de la infancia’ sostiene que la cultura digital, la hipersexualización y la lógica de los ‘likes’ están redefiniendo el desarrollo emocional y cognitivo de los menores. En esta entrevista, analiza cómo la industria cultural y las plataformas entrenan la atención fragmentaria y propone claves para proteger la infancia en la era de la distracción permanente.

En un contexto educativo marcado por el debate sobre la atención, el bienestar emocional y el impacto de la cultura digital en el alumnado, el ensayista e investigador social Miguel Ángel Ruiz irrumpe con una tesis provocadora en su obra ‘La destrucción planificada de la infancia’ (Cydonia): la infancia no se está transformando por azar, sino bajo dinámicas culturales y comerciales que reconfiguran sus valores, sus referentes y sus modos de relacionarse con el mundo. Su análisis sitúa el foco en fenómenos como la adultización temprana, la hipersexualización y la lógica de la visibilidad en redes, que —según sostiene— convierten a los menores en consumidores precoces y en ‘productos’ expuestos a la aprobación constante.
En esta entrevista, el autor reflexiona sobre el papel de la escuela ante la llamada ‘dopamina digital’, el auge de lo que denomina ‘escuelas de cosificación’ y la necesidad de una respuesta colectiva que preserve espacios de desarrollo infantil ajenos a la lógica del mercado y la distracción permanente.
Pregunta: Su tesis central es contundente: la infancia está siendo desmantelada de forma planificada. ¿Por qué lo afirma?
Respuesta: El plan en sí no es acabar con la infancia, sino ganar dinero modificándola. La supresión de la música y la moda infantil o los cambios de los valores en los dibujos animados no ocurren por casualidad; son decisiones que precisan de un plan de negocios y de una forma de tratar comercialmente a la infancia.
P: Usted habla de ‘adultización’ y ‘sexualización temprana’ impulsadas por la cultura pop. ¿Cómo está afectando esto a la autoestima y al desarrollo emocional de los niños?
R: En la actualidad se producen algunas dinámicas sociales que afectan a los menores y que yo denomino ‘escuelas de cosificación’. Por ejemplo, en los años 80 la autoestima de los niños estaba mediada por sus padres y por los amigos que pudieran tener en el colegio. En la actualidad, cuantos más likes tengas, más popular eres y más vales. Esta dinámica introduce a los niños en la lógica de la búsqueda de las audiencias en Internet y les cosifica, porque les convierte en un producto que ellos mismos venden para tener más repercusión. Con el tiempo aprenden a proyectar una imagen (selfies, fotos, comentarios), buscando la aprobación de ese ente complejo que son sus seguidores en redes.
Con la hipersexualización la cuestión es más preocupante todavía. Si a una niña que aún no ha madurado sexualmente se la viste como a una mujer mayor, indirectamente le estamos enseñando que ella no se está vistiendo para sí misma (ya que no lo entiende), sino para otros. Estas cosas educan y afectan, aún cuando las niñas no sean capaces de verbalizar esos procesos.
«Cuantos más likes tengas, más popular eres y más vales. Esta dinámica introduce a los niños en la lógica de la búsqueda de las audiencias en Internet y les cosifica, porque les convierte en un producto que ellos mismos venden para tener más repercusión»Miguel Ángel Ruiz
P: Denuncia que el pensamiento crítico se está erosionando y siendo sustituido por la dopamina digital. ¿Qué señales debería reconocer un docente o un padre para detectar esta deriva?
R: Estas dinámicas en la actualidad atraviesan a toda la infancia y es raro encontrar niños que no estén afectados por ello en un grado u otro. Las redes sociales provocan que a los niños se les esté entrenando en la desatención. Antes, cuando un niño leía un libro durante una hora, era capaz de explicar el argumento de lo que había leído. Ahora (y también un adulto, realmente), aunque pase una hora en redes sociales no es capaz de explicar ni recordar qué contenidos ha visto durante ese tiempo. El motivo es que en redes sociales la información es fragmentaria e inconexa. Es, por tanto, una forma de fabricar el olvido y no aprender. Por el contrario, las redes sí son capaces de generar estados de opinión a través de la suscitación de emociones (más emoción que razón). Además, sus técnicas (notificaciones constantes, scroll infinito, memes, vídeos, etc.) provocan que nos cueste más mantener la atención.
De ahí este boom de síndromes de déficit de atención que vemos ahora o la famosa enfermedad de nomofobia, que es ese pánico a salir de casa sin móvil. El padre o docente debería de preocuparse mucho por la capacidad de atención de los niños; creo que ese es un buen indicador de todos estos procesos.

P: Propone una ‘paternidad rebelde’ como vía de resistencia. ¿En qué consiste exactamente y cómo puede aplicarse en la vida cotidiana?
R: El sociólogo Neil Postman decía que, si los padres quieren preservar la infancia de sus propios hijos, deberían concebir la paternidad como un acto de rebelión contra la cultura dominante. Esta paternidad rebelde pasaría sobre todo por resistirse al rediseño que se está haciendo de la infancia en la actualidad.
«En redes sociales la información es fragmentaria e inconexa. Es, por tanto, una forma de fabricar el olvido y no aprender»Miguel Ángel Ruiz
P: ¿Qué cambios estructurales propondría para proteger la niñez frente a la cultura de la distracción y el consumo?
R: Habría que buscar un acuerdo fruto de un debate colectivo en torno a la infancia, y que esas regulaciones estuvieran supervisadas por observatorios de la infancia con la capacidad de denunciar campañas y productos.
Por ejemplo, están saliendo productos de cosmética para niñas y, entre ellos, mascarillas antiarrugas (el llamado SkinCare infantil). Si bien realmente las niñas no tienen arrugas, estos productos tienen la capacidad de crear complejos y hacerles sentir que no son bellas o perfectas. El atractivo de estos productos para la industria no es cuidar de las arrugas de las niñas (ya que no las tienen), sino de educar a los niños en una cultura de consumo desde muy temprana edad.
Fuente: https://www.educaciontrespuntocero.com/entrevistas/miguel-angel-ruiz/
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