Publicado: 5 marzo 2026 a las 4:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Ane Lopez de Aguileta

Una muy buena noticia es que las universidades españolas se están incorporando a la dinámica internacional de exigir evaluaciones éticas para realizar investigaciones de ciencias sociales, incluyendo las de la educación. Con anterioridad, ya se habían exigido las evaluaciones éticas en otro tipo de investigaciones, como las médicas o las biológicas. Recientemente se han extendido esas evaluaciones también a las ciencias sociales. Este es un proceso en curso al que se van incorporando progresivamente más universidades y profesorado. En este artículo señalo algunas de las implicaciones para las escuelas.
Se viene de una tradición en la que profesorado universitario venía a los centros educativos a hacer encuestas, entrevistas y grupos de discusión previamente decididos, tras lo cual desaparecían y no se les veía más. Luego se dio un paso importante con la exigencia que las revistas científicas comenzaron a hacer sobre consentimientos informados; aunque al principio predominaban los que eran elaborados sin diálogo con profesorado y familiares, a quienes solo se les daba a firmar algo previamente hecho, se ha ido avanzando hacia dinámicas más dialógicas gracias a las metodologías comunicativas de investigación y a las escuelas que han exigido tener diálogo en su elaboración. Un nuevo paso que prácticamente se está empezando a generalizar ahora es la evaluación por parte de comités de ética de las universidades, centros y redes de investigación; aunque comienzan teniendo gran experiencia, por ejemplo en ciencias biomédicas, y no acertando en las investigaciones de ciencias sociales, poco a poco se va también mejorando.
Sin embargo, el paso decisivo comienza ahora, y en él tienen un papel muy importante el profesorado y las familias, que exigiendo dinámicas dialógicas contribuyen a que la ciencia cumpla con dos de sus requisitos actuales: la cocreación y el impacto social. Si se exige ya cocreación en la elaboración de los criterios científicos, de manera que no se puedan hacer en torres de marfil aisladas de la ciudadanía, mucho más exigible es la cocreación en la evaluación ética, que todavía menos puede hacerse en torres de marfil universitarias aisladas del profesorado y familiares. El otro criterio es el impacto social: las investigaciones tienen que servir para mejorar la educación de todo el alumnado, también el que participa en la investigación. Esas mejoras es imposible conocerlas si no es en diálogo continuo, en el que también tienen que estar presentes las voces de profesorado y familiares; no lo pueden hacer por su cuenta comités de ética internos de las universidades.
Fuente: https://periodicoeducacion.info/2026/03/06/escuelas-y-comites-de-etica-universitarios/
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