Publicado: 10 febrero 2026 a las 2:00 am
Categorías: Entrevistas
[responsivevoice_button buttontext="Escuchar la noticia" voice="Spanish
Latin American Female"]
Por Helena López

-¿Cómo vive el giro que está viviendo la sociedad, señalando a las políticas educativas más abiertas como culpables de que los niños no aprendan y pidiendo volver a la disciplina y los codos?
-Cada tanto surge alguien que dice que hay que volver a la tarima, a que los alumnos se levanten cuando entra un profesor. Y estos parece que sean los símbolos de una escuela en serio, que funcionaba. Que fuera en serio, no lo sé. Que funcionara, seguro que no. Lamentablemente, la escuela nunca ha conseguido los objetivos naturales que tenía.
-¿Qué quiere decir?
-Don Lorenzo Milani lo comentaba de una forma muy dura y desde mi punto de vista muy correcta: ‘La escuela es como un hospital que cura a los sanos y rechaza a los enfermos’. Claro que aprendían los buenos.
“Apuntar a tu hijo a piano piano porque tú no pudiste hacerlo es un error grave”
-La escuela de hoy es un lugar que intenta ser más amable. Demasiado para algunos, de ahí esa corriente de querer volver a metodologías pasadas.
-La escuela de hoy rechaza menos que la de antes, pero sigue sin ser querida por los alumnos.
-¿Lo cree así?
-Los que quieren la escuela son pocos y deberían ser todos. El problema es creer que el papel de la escuela es enseñar.
“Querer que tu hijo sea deportista para que llegue a jugar en el equipo de papá es violencia, entre comillas. Más o menos fuerte. A veces, fuerte”
-¿Cuál es, entonces, su papel?
-El papel de la escuela lo tenemos escrito en la Convención de los Derechos de los Niños. Hay dos artículos sobre este asunto, uno es que debe haber una escuela gratuita y universal, para todos. La escuela nace para ofrecer igualdad de oportunidades. Y otro que señala que el objetivo de la educación es desarrollar la personalidad del niño, sus aptitudes y capacidades. Esa es la definición de educación, que involucra a la familia y a la escuela. Para la familia creo que normalmente se considera así. Cada uno de nosotros con nuestros hijos ha intentado desarrollar lo que tenían adentro. Yo nunca he pensado que tenían que hacer algo que me gustaba a mí, aunque sé que hay personas que lo hacen.

-Muchas. Toca el piano, hijo mío, que yo no pude aprender a hacerlo…
-Este es un error educativo.
-Muy común, todavía…
-Sí, común, así como querer que sea deportista para que llegue a jugar en el equipo de papá. Esto son violencias, entre comillas. Más o menos fuertes, a veces, fuertes. Si examinamos los cambios que hacen nuestros hijos en las extraescolares nos damos cuenta de cuánto nos hemos equivocado. Todas las veces que cambian significa que aquella actividad no coincidía con sus intereses.
-¿Y cree que con la escuela pasa lo mismo? ¿Que no encaja con los intereses de las criaturas?
-El problema es que la escuela está pensada en programas. ¿Cómo puede encajar un programa con la personalidad de este niño y de esta niña? El objetivo debería ser desarrollar la personalidad del niño. De cada uno de los niños. La equivocación histórica es pensar que se pueden personalizar los programas, pero eso es una utopía.
“La homogeneidad de edad en las aulas es otro error; es ridículo agrupar a las personas solo porque tienen la misma edad. No tiene ninguna razón científica ni educativa”
-Aquí andamos en eso, en los planes individualizados.
-Eso ahoga al profesorado. Hay que dar la vuelta. El protagonista de la escuela debe ser el alumno, no el maestro. El maestro debe ser una persona muy profesional, muy preparada, cosa que hoy no es, para escuchar a los niños. Para darse cuenta de dónde quieren ir. ¿Sabes que en ningún curso universitario italiano se prepara a los docentes para escuchar a los niños? Escuchar a los niños no es una actitud natural. Es una competencia. Y el otro tema fatal de la escuela es la homogeneidad de edad en el aula. Es ridículo agrupar a las personas solo porque tienen la misma edad. No tiene ninguna razón científica ni educativa. Pensemos en la estructura más natural que tenemos, que es la familia. Normalmente en la familia no hay coetáneos.
-¿Qué tiene de malo agrupar al alumnado por edades?
-Hay una consecuencia fatal, que es considerar que si tienen la misma edad son iguales. Y esto produce un montón de errores educativos. La diversidad da una riqueza enorme, al aula, si se sabe aprovechar. Y, desde mi punto de vista hay otro problema muy grave: la escuela está ocupando todo el tiempo de los niños. Hay demasiadas horas de escuela.
“El maestro debe ser una persona muy preparada para escuchar a los niños, cosa que hoy no es”
–¿Cuántas horas debería ir un niño a la escuela?
-Mi escuela era de cuatro horas y me sobraban.
-En la sociedad actual la escuela cubre también una necesidad de custodia y conciliación. Una escuela de cuatro horas al día o hasta menos no suena viable.
-Hoy la escuela está asumiendo con un error fatal que es hacer más un papel de niñera que de estructura educativa. Es un error tener a los niños tantas horas en el colegio. Con una escuela bien formulada cuatro horas diarias serían suficientes. Pero el problema no es solo la escuela. En los años 80 ocurrió una revolución que nadie ha sabido explicar exactamente: las familias de muchos países, los nuestros incluidos, decidieron que los niños no podían salir más de casa solos. Son 40 años. Son dos generaciones. Y eso ha hecho que los niños terminaran su relación con el juego. El juego ha desaparecido de la vida de los niños.
“La escuela está asumiendo con un error fatal que es hacer más un papel de niñera que de estructura educativa”
-Se refiere a jugar solos en la calle. Jugar, juegan…
-No hay un juego no libre. Hay muchas formas para hacer actividades divertidas, de enseñar jugando, hacer una actividad física jugando… Pero eso no es jugar. El juego debe ser inútil. Un niño juega para jugar, no para aprender. El juego de los niños, en su inutilidad, produce los aprendizajes más importantes de la vida. Albert Einstein, que algo sabía de lo que era importante, decía que el juego es la forma más alta de investigación. No de conocimiento, de investigación. Esta experiencia de encontrarse solos es lo fundamental. Fuera de casa. Todos los días. Desde muy pequeños. Tener amigos. Amigos reales, no virtuales, con los cuales pasar tiempo todos los días jugando, explorando.
-¿Es eso posible en las ciudades actuales?
-Claro. Dependiendo de la edad. Cuando un niño tiene cuatro años, toca la puerta del niño de al lado y los dos juegan en el rellano, con las puertas abiertas. Pero ya están fuera de casa. Y cuando van creciendo, se van alejando. La sensación de inseguridad de las familias no está basada en hechos. Las ciudades no son más peligrosas ahora que en los 70, cuando los niños sí iban solos.
“El juego debe ser inútil. Un niño juega para jugar, no para aprender”
-Un problema actual es que las familias, para dejar a sus hijos ir solos por la calle, les compran el móvil antes, y no sé si ahí es peor el remedio que la enfermedad.
-Un niño no necesita un móvil para salir a la calle con sus amigos. Hay investigaciones que demuestran que los niños que van a la escuela con los padres en coche corren más riesgos que los que van solos con amigos. Un riesgo de los que van en coche es que lleguen a la escuela dormidos. Se despiertan en el pupitre y los profesores piensan que son niños con problemas de atención. Está demostrado que si los niños hacen una actividad física antes de empezar la escuela llegan más despiertos. Naturalmente, ir a la escuela caminando con los compañeros significa jugar, divertirse, pero los niños que van solos a la escuela son más puntuales…
-¿Más que si van con sus padres?
-Sí. Y esto tiene un valor educativo fuerte. Ser puntuales significa respetar un compromiso. Y hacerlo a los seis años significa algo. Lo más importante es que los niños puedan tener una experiencia propia. Estos aprendizajes espontáneos, fuera de casa, sin pantallas. Aprenden a conocerse, a conocer los demás, a conocer los peligros, a buscar maneras para superarlos, viviendo la experiencia de la frustración si no lo consiguen, y del orgullo si lo ganan. Relacionarse, además, con las normas que la familia da. Es correcto que la familia diga, tú sales, pero mira, dentro de dos horas, en casa. No vayas más allá de tal lugar. Son normas con las cuales los niños deberían enfrentarse y respetarlas o transgredirlas. Esto es una gran ventaja, porque cada momento tiene que decir, ¿qué hago? ¿Vuelvo a casa a las siete, como me ha dicho mi madre o me paro porque me gusta demasiado lo que estoy haciendo, sabiendo que si llego a las 7 y media, mañana no salgo?
“Un riesgo de los niños que van en coche al cole es que lleguen a la escuela dormidos. Se despiertan en el pupitre y los profesores piensan que tienen problemas de atención”
-Es aprendizaje también, claro.
–Fundamental, porque el niño maneja todo esto y se va formando un sentido moral. Hoy nuestros hijos llegan a la adolescencia, a los 14 años, sin vivir nunca esta experiencia. Y vivirla por primera vez a los 14 es peligroso. Nosotros vivimos frustraciones a los 4 años, no a los 18. A los 4 años, después pasa, porque mañana volvemos a jugar. Esto es una vacuna: tocar el peligro, encontrar obstáculos, vivir un castigo, son vacunas que ayudan a entender cómo va el mundo.
Albert Einstein, que algo sabía de lo que era importante, decía que el juego es la forma más alta de investigación
-Le escucho hablar y me viene a la cabeza que justamente, aquí, en Catalunya, las familias que más permiten a sus hijos eso son las familias migrantes. Son los niños que más van solos, justo porque no hacen extraescolares y están en la calle jugando. Y las familias que hacen lo que usted está diciendo son señaladas como negligentes.
–Los niños encerrados en casa miran a sus compañeros que se mueven por la calle y piensan ‘¿por qué nosotros no?’ Y nos ofendemos diciendo ‘estos pobres niños están desatendidos’, cuando no es verdad. No tienen padres malos. Tienen padres que tienen culturas distintas, donde la autonomía de los niños, por un lado, es una necesidad, por el otro es un hecho cultural, porque en estos países siguen moviéndose autónomamente.
Fuente: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20260209/francesco-tonucci-pedagogo-ninos-demasiada-hora-escuela-126511870
Deja un comentario