Publicado: 21 enero 2026 a las 4:00 am
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Perú, 21 de Enero 2026, Por Lucía Rubio Marcos, https://efeminista.com

En la provincia peruana de Quispicanchi, en la región de Cusco, un grupo de mujeres quechuas participa en un programa de recuperación psicoemocional y fortalecimiento del liderazgo impulsado por Manos Unidas y la Asociación Wayra para superar la violencia psicológica y reforzar su liderazgo comunitario.
La iniciativa, titulada ‘Recuperación psicoemocional y ejercicio de liderazgo de mujeres víctimas de violencia’, combina atención psicológica, arte y cosmovisión andina, y ha permitido que supervivientes de violencia recuperen su autoestima, reconstruyan su proyecto de vida y asuman un papel activo en sus comunidades.
“El programa me permitió iniciar un proceso de sanación, mejorar mi vida y la de mis hijos, y entender que puedo tomar decisiones sin miedo al qué dirán, con el respaldo de otras mujeres de mi comunidad”, explica a Efeminista la participante del proyecto, Ceferina Ccorimanya Lupacca.
Según un informe del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, en Perú más de 190.000 mujeres, niñas y adolescentes fueron víctimas de violencia de género, tanto física, psicológica, sexual o económica, entre 2024 y abril de 2025.
El proyecto pone el foco en una de las formas de violencia de género más invisibilizadas y normalizadas: la violencia psicológica, que sigue siendo la menos registrada debido a las dificultades para identificarla y medirla, especialmente en contextos rurales e indígenas.
La responsable del proyecto en Manos Unidas, Mariana Ugarte, señala que la violencia psicológica continúa profundamente invisibilizada en Perú, no solo por razones culturales, sino también por fallos estructurales del sistema y por la normalización social del maltrato.
“Las propias familias, las madres y las abuelas aconsejan mantener la unión de la pareja por el bien de los hijos, reforzando el silencio y la sumisión de quien sufre el maltrato“, explica en una entrevista con Efeminista.
A las barreras culturales se suman obstáculos institucionales, ya que la falta de peritajes psicológicos adecuados en fiscalías y comisarías provoca el archivo de muchas denuncias: “En 2023, el 80 % de los casos de violencia psicológica se archivaron por informes no idóneos”, subraya Ugarte.
“La invisibilización del problema desgasta a las víctimas, que muchas veces terminan desistiendo”, señala, y confirma que “la invisibilización no es solo cultural, es sistémica”.
Según explica Ugarte, durante el trabajo en terreno, el equipo del proyecto observó que muchas mujeres quechuas convivían con historias de violencia psicológica profundamente normalizadas: “Había una baja autovaloración, una autoestima muy debilitada y culpas muy arraigadas”, señala.
A ello se sumaba una sobrecarga de cuidados que limitaba seriamente el tiempo y las posibilidades de las mujeres para buscar ayuda.
En contextos rurales e indígenas como Quispicanchi, la violencia psicológica adopta formas específicas que dificultan aún más su identificación y abordaje. Según explica Ugarte, el control simbólico muchas veces se expresa a través de prácticas como los celos, la humillación, la descalificación o el control de los desplazamientos.
“También se prohíben emprendimientos económicos, incluso cuando podrían mejorar la economía familiar”, señala.
Foto de mujeres quechuas manifestándose contra la violencia machista en Perú. Imagen cedida por Manos Unidas.
El acceso a la justicia representa otra barrera importante, ya que muchas mujeres tienen expectativas de respuestas inmediatas tras la denuncia, y el choque con procedimientos largos genera frustración. A ello se suma el bajo nivel de alfabetización en algunas comunidades.
En este contexto, el enfoque terapéutico del proyecto ha sido clave: “El uso del quechua, la oralidad, los símbolos y el arte son determinantes para que las mujeres puedan expresar su malestar y resignificar el daño psicológico”, destaca Ugarte.
Norali Quispe, psicóloga del proyecto, explica a Efeminista que la cosmovisión andina ha sido una herramienta fundamental para generar confianza y conexión emocional: “La relación sagrada con la Pachamama permitió prácticas de reconexión con la tierra y la naturaleza, ayudando a las mujeres a verse como parte valiosa de ella”, explica.
Estas dinámicas, desarrolladas en el entorno andino, contribuyeron además a “reducir el estrés y recordar a las mujeres la gran conexión que tienen como seres que dan vida y que merecen ser amadas y valoradas en todas sus dimensiones“.
El programa no solo ha tenido un impacto en la salud emocional de las participantes, sino también en su capacidad para organizarse, apoyarse mutuamente y ejercer liderazgos en sus comunidades.
Ceferina Ccorimanya Lupacca, una de las mujeres participantes, explica que llegó al programa atravesada por una profunda crisis emocional provocada por años de violencia física, psicológica y económica.
“Constantemente tenía ansiedad, tristeza profunda, no podía dormir y sentía un vacío dentro de mí; a veces sentía que ya no podía más”, relata a Efeminista.
Encontrar un espacio seguro junto a otras mujeres que vivían situaciones similares fue clave para iniciar su proceso de sanación: “Pude encontrar paz y tranquilidad en este espacio y darme cuenta de que no estaba sola”.
Foto del programa de ‘Recuperación psicoemocional y ejercicio de liderazgo de mujeres víctimas de violencia’ impulsado por Manos Unidas y la Asociación Wayra, en Quispicanchi, Perú. Imagen cedida por Manos Unidas.
Actualmente, Ceferina es vicepresidenta de la Junta Administradora de Servicios de Saneamiento (JASS) de su sector.
“Muchos creen que no podré lograrlo porque no tengo un hombre a mi lado, pero tengo hijos que me motivan y sé que tengo capacidades”, señala.
Convencida de la importancia del apoyo colectivo para romper el silencio y la normalización de la violencia, afirma que quiere ser un referente para otras mujeres de su comunidad.
“Conformamos una pequeña comunidad de mujeres dispuestas a decir basta a los diferentes tipos de violencia a los que fuimos condenadas a vivir desde pequeñas porque creíamos era parte de nuestra vida como mujeres“, concluye.
Fuente: https://efeminista.com/manos-unidas-peru-quechuas-violencia-psicologica/
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