Publicado: 31 diciembre 2025 a las 4:00 pm
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Dinamarca, 31 de Diciembre de 2025, Por José Luis Fernández, https://exitoeducativo.net

Uso de IA en escuelas danesas. Imagen elaborada con Perplexity.
La National Agency for Education and Quality de Dinamarca, dependiente del ministerio educativo, ha publicado una serie de recomendaciones nacionales (guidelines) para el uso de la inteligencia artificial generativa (IA) en la enseñanza de la educación primaria y secundaria inferior.
Se trata de un hito: por primera vez Dinamarca propone un marco oficial para canalizar la incorporación de herramientas de IA en las aulas, no como una moda o experimento aislado, sino como una estrategia planificada y regulada. Con ello, el país aspira a que las escuelas puedan beneficiarse de las oportunidades de la IA —automatización, apoyo al aprendizaje, personalización—, pero de forma responsable, consciente y pedagógica.
Las recomendaciones del documento, siete en total, marcan un equilibrio entre apertura a la innovación tecnológica y salvaguarda ética, pedagógica y de privacidad. Las siete recomendaciones, sobre las base de una buena gobernanza y uso pedagógico consciente, son desarrollar un marco unificado para el uso de IA generativa en las escuelas; asegurar que las soluciones (herramientas de IA) cumplan con la normativa vigente de protección de datos (GDPR); facilitar espacios de discusión entre el personal pedagógico sobre las oportunidades y límites de la tecnología; fomentar el desarrollo de las competencias, conocimientos y habilidades del profesorado para integrar la IA en su práctica; usar la IA únicamente cuando resulte adecuada para fines educativos —es decir, no abusar, no delegar lo esencial a la máquina; dialogar con los alumnos sobre cuándo y cómo pueden usar la IA en cada asignatura; e informar a las familias sobre el enfoque de la escuela respecto a la IA.
Este conjunto de propuestas sugiere una visión madura: la IA no como sustituto del docente, sino como herramienta complementaria; su integración no debe ser automática, sino reflexiva, con responsabilidad y con participación de toda la comunidad educativa.
El impulso danés llega en un momento en que muchas voces dentro del ámbito educativo y regulador advierten sobre riesgos, desigualdades, ética, privacidad y la necesidad de alfabetización digital. Entidades como UNESCO han advertido sobre la urgencia de acompañar la integración de IA con marcos de derechos, equidad, calidad e inclusión.
Gracias a esas recomendaciones, la IA puede ofrecer varios beneficios reales en contextos escolares, como que permite personalizar el aprendizaje, adaptando ritmos, contenidos y apoyos según las necesidades de cada estudiante; aligera la carga administrativa o repetitiva del profesorado (corrección, tutorías, recursos didácticos), liberando tiempo para el acompañamiento, la creatividad y la atención individual; promueve una alfabetización digital responsable: los alumnos no solo usan IA, sino que aprenden a entender su funcionamiento, sus límites, sus implicaciones éticas y sociales; e introduce la tecnología como parte del currículo, preparando a los estudiantes para un futuro en el que las competencias digitales —incluida la capacidad crítica frente a los algoritmos— serán clave.
En este sentido, la guía danesa funciona como un puente entre la innovación tecnológica y la educación pública, sirviendo como modelo potencial para otros países que están comenzando a debatir cómo integrar la IA en sus escuelas.
Pero este camino no está exento de tensiones. Integrar IA en la educación plantea desafíos profundos —éticos, pedagógicos, políticos — que la guía busca anticipar, aunque no siempre con respuestas definitivas:
El primero es la protección de datos y la privacidad: usar IA implica recopilar datos, generar perfiles, y exponer a los alumnos a sistemas que analizan su desempeño. Que las herramientas cumplan con GDPR es clave, pero la implementación exige recursos, formación y supervisión.
Luego está la desigualdad de acceso, pues no todas las escuelas tienen la misma capacidad tecnológica, conectividad, infraestructuras o formación docente. Si no se acompaña con inversión, la IA podría exacerbar desigualdades educativas. Esta preocupación ya ha sido planteada por organismos internacionales.
Cuidado también con la tentación de sustituir lo humano por lo digital, ya que si la IA se convierte en la vía fácil, podría reducirse la interacción humana, la creatividad, la deliberación, la formación crítica, valores esenciales de la educación. Esa es una de las críticas reiteradas en debates actuales sobre IA.
En este ambiente es precisa la necesidad de formación docente seria y continua: no basta con entregar herramientas; hay que garantizar que quienes enseñan sepan usarlas responsablemente, comprendan sus límites, promuevan un uso reflexivo y desarrollen nuevas pedagogías.
En ese sentido, la guía danesa no es una receta mágica: es un punto de partida, una invitación a construir democráticamente, con profesores, familias, alumnos, un modelo educativo renovado, que no dependa del marketing tecnológico, sino de decisiones conscientes, pedagógicas y éticas.
La decisión de Dinamarca se enmarca en una tendencia más amplia en Europa. Varios países y organismos trabajan ya en marcos normativos, guías éticas o recomendaciones para integrar la IA en la educación. Por ejemplo, la Comisión Europea impulsa políticas para el desarrollo de competencias digital e IA, y publica directrices éticas para educadores.
Asimismo, informes de organizaciones internacionales, como la UNESCO, reclaman que el derecho a la educación se preserve en la era digital, garantizando que la IA no erosione derechos como la privacidad, la equidad, la inclusión o la diversidad cultural.
En ese contexto, la iniciativa danesa sirve de referencia concreta, puesto que demuestra que es posible avanzar hacia una integración pedagógica de la IA sin perder de vista principios fundamentales. Y marca un estándar al que otros sistemas educativos podrían mirar si desean incorporar la IA de forma seria, ética y sostenible.
Para que la integración de la IA tenga sentido, la guía plantea varios compromisos, empezando por los docentes, que deben formarse y participar activamente en debates sobre cómo y cuándo usar IA, qué papel debe tener en sus clases, cómo preservar la creatividad, la reflexión, el pensamiento crítico. Los alumnos, por su parte, deben aprender no solo a usar herramientas, sino a comprenderlas, cuestionarlas, saber sus límites y riesgos, y desarrollar competencias más allá de lo técnico: ética digital, discernimiento, creatividad, autonomía. En tercer lugar, las familias han de ser informadas del enfoque de la escuela, participar del debate, acompañar a sus hijos en un uso responsable, exigir transparencia, entender qué se usa y por qué.
Si estos compromisos se toman en serio, la IA podría transformar las aulas de forma positiva. Si se usan mal, como reemplazo, como atajo, como recurso aislado, pueden reforzar desigualdades, producir dependencia, debilitar los valores de la educación.
La publicación de las recomendaciones en Dinamarca marca un hito, sin duda, el de que la IA deja de ser un “tema de laboratorio” o de debate, y se convierte en parte de una política educativa nacional. Pero que sea un hito no implica que sea definitivo: más bien, abre un camino que deberá recorrerse con cuidado, participación y seguimiento.
Fuente: https://exitoeducativo.net/dinamarca-marca-la-pauta-para-integrar-ia-en-la-escuela/
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