Publicado: 15 diciembre 2025 a las 2:00 am
Categorías: Artículos
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Por Radio Coruña
Sobre este asunto reflexiona Carmen Iglesias en La Aventura de Aprender

En los últimos años, la educación ha evolucionado hacia modelos mucho más respetuosos y empáticos, dejando atrás prácticas excesivamente restrictivas del pasado. Sin embargo, este cambio positivo también ha traído consigo un nuevo reto: la tendencia de algunos padres y madres a justificar todas las conductas de sus hijos, incluso aquellas que no deberían ser toleradas.
Sobre este asunto reflexiona Carmen Iglesias, profesional del ámbito educativo, poniendo el foco en un debate cada vez más presente en colegios y familias.
Durante décadas, la educación fue excesivamente dura y, en muchos casos, injusta. Castigos físicos, miedo a la autoridad y ausencia de diálogo formaban parte del día a día escolar. Hoy, afortunadamente, esto ha cambiado y la educación es mucho más respetuosa con la infancia.
No obstante, como señala Carmen Iglesias, no todos los extremos son positivos. En el afán de proteger a nuestros hijos, a veces caemos en una permisividad que puede resultar perjudicial a largo plazo.
“No hablo de travesuras normales de niños, hablo de faltas de respeto y agresiones que no deben justificarse nunca”.
Es fundamental diferenciar entre lo que forma parte del desarrollo natural de la infancia y lo que supone un problema de conducta:
Travesuras normales: mojarse jugando en el colegio, pintarse la cara, empujones sin mala intención o bromas entre compañeros.
Conductas inaceptables: agresiones físicas, humillaciones, insultos, escupir, tirar objetos o faltar al respeto a adultos y compañeros.
Según Iglesias, la agresión nunca tiene justificación, especialmente cuando se trata de comportamientos repetidos y no aislados.
En los centros educativos, los castigos suelen ser proporcionales y con un objetivo pedagógico: reflexionar, reparar el daño causado y aprender de lo ocurrido. Acciones como limpiar lo que se ha ensuciado, reflexionar durante el recreo o asumir pequeñas responsabilidades forman parte de una educación basada en la consecuencia lógica.
El problema surge cuando algunos padres:
Esta actitud, lejos de ayudar, refuerza la conducta negativa y transmite al menor la idea de que sus actos no tienen consecuencias.
Otro aspecto clave es la pérdida de autoridad del profesorado cuando los padres cuestionan abiertamente las normas del centro delante de sus hijos. Esto genera confusión, falta de respeto hacia los docentes y dificulta el proceso educativo.
Carmen Iglesias lo resume con claridad: “No podemos justificar la conducta del niño delante de él y desautorizar por completo al centro educativo”.
Si existen dudas sobre un castigo, lo adecuado es:
Cuando las conductas inapropiadas no se corrigen en la infancia, es muy probable que se repitan en otros entornos: en la calle, en actividades extraescolares y más adelante en la adolescencia y la vida adulta.
La falta de límites puede derivar en:
La educación no es una lucha entre familias y centros educativos. Al contrario, ambos deben caminar en la misma dirección, con empatía, diálogo y objetivos comunes.
Los colegios no son enemigos ni obstáculos, sino aliados fundamentales en la formación de nuestros hijos. Escuchar, colaborar y corregir cuando es necesario es la base para educar adultos responsables, respetuosos y emocionalmente sanos.
Justificarlo todo no es proteger. Educar también implica decir “no”, explicar consecuencias y asumir errores. Solo así ayudaremos a nuestros hijos a crecer con valores, respeto y responsabilidad.
Fuente: https://cadenaser.com/galicia/2025/12/12/justificamos-demasiado-a-nuestros-hijos-la-importancia-de-poner-limites-en-la-educacion-infantil-radio-coruna/
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