Publicado: 1 noviembre 2025 a las 6:00 pm
Categorías: Artículos
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La incorporación de las nuevas tecnologías en la educación no democratiza el saber, sino que segrega y profundiza la deshumanización de las clases populares. Desde las empresas tecnológicas y las Inteligencias Artificiales, se vende una educación de masas, acrítica y prefabricada, al servicio de los grandes capitalistas.

El conocimiento siempre fue un bien en disputa y las instituciones que impartían ese conocimiento fueron un campo de batalla, el acceso al conocimiento y la definición de qué era considerado conocimiento y qué no. El conocimiento era junto a los bienes materiales, aquello controlado por la élite, la élite que controlaba el Estado.
Durante el siglo XIX la Iglesia Católica perderá la hegemonía educativa, sus instituciones formaban y dominaban el saber entre la ciencia y la fe. En su debilidad política cedieron durante los siglos XVII y XVIII con las revoluciones y guardaron el oscurantismo y el formato de discípulos. El nuevo Estado Moderno del Siglo XIX impondrá su fuerza quitándole a la Iglesia la educación, los contenidos y creó las escuelas, permitiendo el acceso de miles a la educación para formar la idea de nacionalidad-patria. Se consolidó una formación para el trabajo, para el mercado en desarrollo y para liderar las potencias industriales.
Durante este primer período el debate pedagógico se presentó entre una pedagogía más positivista y una pedagogía más social en la cual podremos situar al marxismo y al anarquismo. Mientras que el positivismo veía una necesidad de formar para el desarrollo del mercado centralmente en la zona urbana, la pedagogía social planteaba la necesidad de una democratización del conocimiento y una formación que permita el desarrollo productivo colectivo.
Los debates en torno al conocimiento, cómo impartirlo, cómo se conoce y con qué herramientas pedagógicas se enseña, han sido centrales a lo largo de la historia. En todo el siglo XX se discutía contenidos y pedagogía, el Estado era quien impartía la educación, quien definía qué es conocimiento, cómo se accede a él y quiénes acceden.
Durante este período podríamos mencionar el método Montessori, otras ramas integrantes de la denominada “nueva escuela” y sobre todo, las experiencias iniciadas con Lenin y la Revolución Rusa en sus distintas etapas, donde la clave era democratizar el conocimiento burgués.
Luego salieron otras variables que aportaron desde una mirada crítica tanto a la visión de la “nueva escuela” y el marxismo, reflejo de esto fue lo dado por la escuela de Frankfurt, una de sus resultantes será la pedagogía crítica [1].
En todo el debate pedagógico de gran parte del Siglo XX no se puso en cuestión el carácter de clase del Estado, se debatió métodos y contenidos que utilizaría el Estado para lograr sus objetivos.
Las experiencias más democratizantes del conocimiento se expresaron a principios del siglo XX con la ola que despertó la Revolución Rusa. En todo proceso revolucionario se impulsó una democratización del saber y, como reacción, los regímenes burgueses —en un intento de contener el malestar social y responder a las necesidades de su propio desarrollo industrial— promovieron una forma de democratización del conocimiento limitada, una democratización “con corset”.
Este proceso comenzó a revertirse con las derrotas de los procesos revolucionarios de la década de 1970, la descomposición del llamado “comunismo real” y el triunfo del neoliberalismo, cambiando el sentido de la flecha, en donde el Estado se retira de la institución escuela asegurando el control político del conocimiento.
Para fines del Siglo XX el sector privado comenzó a desplazar a las instituciones del Estado, entre ellas la escuela para impartir el conocimiento, pero el Estado mantenía la hegemonía del programa y el currículum.
El siglo XXI con el desarrollo de los contenidos digitales, internet y el algoritmo, la escuela privada o pública no tenía un rol central de propaganda, de formación para la reproducción ideológica del capitalismo, ahora los Ceos de la tecnología lograban imponer por fuera del Estado un ideario, un contenido basado en el más puro capitalismo individual y competitivo. El rol de la escuela para la mayoría debería jugar un papel de apéndice del capitalismo.
Bajo la lógica del capitalismo del siglo XXI, Adriana Puiggrós lo relata de la siguiente forma: “Porque el neoliberalismo, desde los primeros momentos en que se reunieron Milton Friedman, Ludwig von Mises y los grandes neoliberales en Mont Pelerin, en la década del 40, ya tenía esa idea. Está presente en sus escritos –sobre todo en los de von Mises– la idea de la desescolarización, que luego aparece en Ivan Illich, quien actualmente es una referencia para los neoliberales y los libertarios” [2].
Ahora, la desescolarización no parece ser una postura homogénea entre los propios capitalistas, ni tampoco a si la desescolarización debe ser de todos los niveles educativos. La escolarización primaria tiene un mayor consenso, mientras que la educación secundaria cuenta con menos consenso y esto varía, aún más, en las zonas más urbanas como las grandes ciudades. Sí podemos afirmar que existe una “desescolarización” del conocimiento duro y formal por un conocimiento flexible, blando, básico, etc.
En las últimas décadas con el desarrollo de internet y el gran flujo de información que se puede obtener de los usuarios de internet y sus distintas apps, el capitalismo logró una mayor eficacia obteniendo ganancias independientemente a un mundo cada vez más desigual.
El objetivo es lograr la mayor ganancia posible, en el menor tiempo y con el menor riesgo. Para ese objetivo es necesario romper redes sociales tradicionales y crear nuevas redes sociales digitales, redes que luego se organizan por sectores, tribus, clanes unos aislados de otros y dentro de cada grupo los individuos también solos, flexibles, ansiosos, etc. Eso es posible por la misma información que nosotros le otorgamos a los algoritmos. En este esquema reducido o que peca de cierto reduccionismo, ¿cuál es el rol de la educación, el rol de la escuela para el Siglo XXI?
Pero, aún en este nuevo esquema, no se logra resolver el rol que siempre se le adjudicó a la profesión y ahora se profundiza, el del “cuidado”. Contradictoriamente el cuidado humano no podrá ser delegado en Inteligencia Artificial (IA), robots y todo aquello que carece de humanidad. El algoritmo profundiza el individualismo, la intolerancia y la ansiedad; la maestra, el maestro contiene a una humanidad más deshumanizada, más individualista.
En este elemento radica la misma contradicción del nuevo sistema que intenta imponer una colectivización de deshumanización que se sitúa en las escuelas del Siglo XXI con un rol de contención y cuidado.
Los dueños y Ceos de las principales empresas tecnológicas de Silicon Valley, dueños de los algoritmos y desarrolladores de la IA, propagandizan y firman acuerdos con distintos gobiernos para impulsar en los sistemas educativos el uso algorítmico y la IA. Ahora bien, estos usos son aplicados en escuelas donde asisten estudiantes de los sectores populares, donde asisten los hijos e hijas de las y los trabajadores. Contrariamente, las y los hijos de los Ceos de las tecnológicas, envían a los suyos a escuelas tradicionales en dónde la IA queda reducida a la nada.
En un estudio reciente, “los alumnos cuyas familias tienen estudios superiores usan menos la IA para resolver dudas y recurren más a sus padres. En cambio, quienes no tienen ese apoyo dependen mucho más de la IA”, resume Carretero [3].
Carretero continúa analizando la situación en España: “Además, aunque el uso de la IA es mayor en centros públicos (35%), las formaciones específicas sobre esta tecnología se imparten más en los concertados, con menos de un 20% de uso habitual. En conclusión, los que más la usan, son los que menos formación reciben sobre ella”.
Lejos de igualar condiciones, “la IA tiende a reproducir desigualdades preexistentes, amplificando las brechas asociadas al capital cultural, las competencias digitales y el acceso a los recursos”. Esto es posible porque no hay pensamiento en la IA y se elimina el pensamiento crítico en las escuelas al abusar de la IA.
En un artículo del diario El País de España, “escuelas de medio mundo se esfuerzan por introducir ordenadores, tabletas, pizarras interactivas y otros prodigios tecnológicos. Pero aquí, en el Waldorf of Peninsula, colegio privado donde se educan las y los hijos de directivos de Apple, Google y otros gigantes tecnológicos que rodean a esta antigua granja en la bahía de San Francisco, no entra una pantalla hasta que llegan a secundaria” [4].
Dicho esto, en un análisis de El País dice: “Sucede que poner límites no es fácil para los padres trabajadores. Y eso lleva a una redefinición de lo que significa la brecha digital. Hasta hace no mucho, la preocupación era que las y los niños más ricos contasen con una ventaja por acceder antes a Internet. Hoy, según Common Sense Media, el 98% de los hogares con hijos en EE. UU. tienen teléfonos móviles, frente a un 52% en 2011. Cuando la tecnología se ha generalizado, el problema es el contrario: que las familias con un elevado poder adquisitivo tienen más fácil impedir que sus niños se pasen el día ante el móvil. Mientras los hijos de las élites de Silicon Valley se crían entre pizarras y juguetes de madera, los de las clases bajas y medias crecen pegados a pantallas”.
Por lo que podemos inferir es que los hijos e hijas de trabajadores y trabajadoras que pasan su vida en jornadas extenuantes de trabajo, alejados del cuidado y la crianza de sus hijos, estos últimos son “educados” por los dueños de las redes, de los algoritmos, de la IA y en todo caso, las escuelas serán el lugar en dónde sean cuidados por otros adultos, esos adultos docentes cumplirán su función de cuidadores mientras que la IA se ocupa de informar y formar acríticamente a las grandes mayorías. “Es una lucha desigual. Padres multitarea contra equipos de ingenieros y psicólogos que diseñan tecnología para mantener a sus hijos enganchados”.
Un desarrollador de Silicon Valley reflexiona: “…antes queríamos que el usuario estuviera contento para que comprase el producto. Ahora, con los smartphones y las tablets, el modelo de negocio es otro: el producto es gratis, pero se recogen datos y se ponen anuncios. Por eso, el objetivo hoy es que el usuario pase más tiempo en la aplicación, para poder recoger más datos o poner más anuncios. Es decir, la razón de ser de la aplicación es que el usuario pase el mayor tiempo posible ante la pantalla. Están diseñadas para eso” [5].
El debate sobre la IA y la educación pone muchas alertas, Sánchez, director de computadores para educar, en una entrevista a Ticmas concluye: “Pero si no hay equidad, lo que va a terminar pasando es que tendremos maestros para las clases altas y robots para el resto”.
El problema no está en los algoritmos, en la IA, el problema está en sus dueños, en el capitalismo que no busca democratizar el conocimiento, la ciencia y la tecnología, más bien la piensan como método de opresión y como mercancía.
Históricamente, tanto en el sistema educativo como en la forma en que se produce conocimiento, las clases dominantes dejaron impresa su forma de ver el mundo, intentando naturalizar, legitimar y reproducir sus lugares de poder. Las nuevas tecnologías para la educación no escapan a esta premisa. El espacio virtual por el que transitan las Inteligencias Artificiales y las nuevas herramientas digitales, están bien arraigadas en las relaciones sociales concretas en las que vivimos. Y, el puñado de empresas que controlan “el saber”, también dictan abiertamente el curso político y económico de los países.
Es necesario un fuerte debate entre la comunidad científica, las y los trabajadores, en particular la docencia debe discutir cómo democratizar el conocimiento y por sobre todo, el desarrollo del pensamiento crítico que permita usar la IA y los algoritmos como herramientas que ayuden a liberar a la humanidad de la explotación, la pobreza y los males que desarrolla el capitalismo en su etapa caníbal.
La discusión nuevamente es quiénes son los dueños del conocimiento y cuáles son sus objetivos, en más de 200 años el capitalismo no pudo, ni quiso terminar con el hambre de los pueblos, no quiso democratizar el saber, la ciencia y la tecnología, más bien se validó de los grandes avances de la ciencia para oprimir, aumentar la alineación y romper las redes sociales de las y los trabajadores, y los pueblos.
Fuente: https://www.laizquierdadiario.mx/De-la-escuela-moderna-a-la-inteligencia-artificial
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