Publicado: 26 diciembre 2025 a las 8:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Óscar Pérez Sayago

Foto: Cedida
La resiliencia florece cuando los estudiantes se sienten seguros y acompañados. Una escuela que promueve el buen trato, la acogida y la confianza mutua genera las condiciones para que niños y jóvenes enfrenten las dificultades con fortaleza.
Ejemplo: instaurar programas de “acompañamiento entre pares” donde alumnos mayores apoyen a los más pequeños en la adaptación y resolución de problemas.
Ayudar a los estudiantes a identificar, expresar y regular sus emociones es clave para superar la adversidad. La inteligencia emocional fortalece la resiliencia porque enseña a responder con serenidad y creatividad.
Ejemplo: talleres semanales de “educación emocional” que combinen mindfulness, dramatizaciones y dinámicas de diálogo.
Desde la tradición cristiana, la resiliencia no se limita a resistir, sino que implica encontrar sentido en la dificultad. Educar en la espiritualidad ayuda a los alumnos a transformar la adversidad en oportunidad de crecimiento.
Ejemplo: espacios de oración, reflexión y servicio solidario donde los estudiantes descubran que la fe ilumina incluso los momentos de dolor.
La resiliencia se fortalece cuando los alumnos enfrentan desafíos reales y aprenden a resolverlos en comunidad. Esto desarrolla perseverancia, adaptabilidad y creatividad.
Ejemplo: proyectos de innovación social en los que los estudiantes diseñen soluciones para problemas ambientales o comunitarios, aprendiendo a gestionar la frustración y valorar los pequeños logros.
La resiliencia no se construye de manera aislada. Se fortalece cuando familia, escuela y comunidad trabajan juntos. Una alianza educativa permite que el estudiante tenga referentes coherentes y solidarios.
Ejemplo: crear “círculos de resiliencia” con participación de docentes, padres y estudiantes para compartir estrategias de afrontamiento y acompañamiento.
Los niños y jóvenes necesitan historias de superación y testimonios de personas que lograron salir adelante pese a la adversidad. Esto amplía su horizonte y les da referentes positivos.
Ejemplo: incluir en las clases de literatura, historia y religión biografías de líderes resilientes (como Nelson Mandela, Edith Stein o comunidades que renacieron tras catástrofes).
Una evaluación centrada solo en los resultados genera frustración. En cambio, una que reconozca el esfuerzo, la constancia y la capacidad de levantarse de los errores, fortalece la resiliencia y la motivación intrínseca.
Ejemplo: rúbricas que contemplen criterios como “manejo de la frustración”, “constancia en la tarea” o “capacidad de colaboración en dificultades”.
En síntesis: Desarrollar la resiliencia en la escuela implica formar personas que no solo soporten la adversidad, sino que la transformen en oportunidad. Esto requiere una pedagogía del cuidado, la espiritualidad, la emoción, el reto y la comunidad, en coherencia con la invitación del Papa Francisco a un pacto educativo global que regenere el tejido humano y social.
Por Óscar A. Pérez Sayago, secretario general de la CIEC.
Fuente: https://exitoeducativo.net/7-claves-desarrollar-resiliencia-en-la-escuela/
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